Redactora, responsable de pruebas y calidad de contenidos. Diplomada en turismo por la Universidad de Sevilla (2002), técnico en PRL y con amplia experiencia laboral en el ámbito médico estético, el odontológico y la ergonomía. Especialista en consultoría y asesoría.
Philips Sonicare ProtectiveClean
Hace cosquillas y parece que no estás cepillando nada, hasta que al tercer o cuarto uso deja de resultar raro.
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Ofertas
Ventajas
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Eficaz pero delicado con el esmalte
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Tecnología sónica
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Avisa del cambio de cabezal
Inconvenientes
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Sólo 2 modos de funcionamiento
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No incluye estuche para viaje
Índice de contenidos
Información adicional
| Tecnología de limpieza | Sónica |
|---|---|
| Modos de cepillado | 2 |
| Autonomía | 14 días |
| Sensor de presión | ✔ |
| Estuche para guardarlo | ❌ |
| bluetooth | ❌ |
Resumen
El Sonicare ProtectiveClean de un vistazo
El Sonicare ProtectiveClean es un cepillo sónico para quien quiere una limpieza a fondo sin perderse en un menú de programas. Frente a los rotativos de Oral B, aquí no hay cabezal que gire: son vibraciones que empujan el agua y la pasta entre los dientes, y esa es justo la parte a la que hay que acostumbrarse.
Alcanza 31.000 movimientos por minuto, trae sensor de presión para que no aprietes de más y un temporizador que te marca los dos minutos por tandas de 30 segundos. La base es pequeña y discreta, y carga por USB, algo que se agradece si viajas.
Su punto flojo es la batería: empieza aguantando semanas y termina pidiendo cargador cada dos o tres días. Vuelvo sobre ello más abajo.
Nuestra valoración: 8.0
Análisis detallado
Un botón, un piloto y nada que aprender
Aprecio la sencillez de Philips. Si eres como yo y te cansa tanta tecnología, te vas a llevar bien con este cepillo: cómodo, ergonómico y con un solo botón para lo justo. Un piloto en la parte baja del mango se enciende cuando toca cambiar el cabezal, y lleva indicador de batería.
Incluye base de carga con cable de 95 cm y, además, estuche de viaje compacto y cargador USB. La carga por USB ahorra el adaptador de siempre y viene de perlas para viajar; el estuche mantiene todo recogido, aunque no es el accesorio más robusto que ha hecho la marca. El punto menos amable es la carga completa, que se va cerca de las 24 horas.
Abres la caja y te encuentras el mango, un cabezal, el estuche de viaje compacto y el cargador USB. Por el precio que tiene, lo que sí echo en falta es algún cabezal de recambio extra; con uno solo, tocará comprar reemplazo antes de lo que gustaría.
Cabezal ovalado, y solo dos modos
El cabezal tiene forma ovalada, no redonda como los de Oral B. Recuerda al cepillo de toda la vida pero eléctrico, y trae capuchón para protegerlo. Es pequeño, y esa es su gracia: llega bien a los molares y a los recovecos del fondo. Viniendo de un cabezal redondo grande, al principio parece poca cosa.
Solo tiene dos modos, normal y blanqueamiento, y guarda el último que usaste, así que no tienes que ir pasando por el menú cada mañana. Menos programas que un DiamondClean, sí, pero para el cepillado diario bastan. Los recambios son fáciles de encontrar; no son los más baratos del mercado, pero tampoco un roto.
Cepillar sin frotar: los primeros días parece que no haces nada
Lo más destacado es su tecnología sónica: en vez de frotar, vibra a 31.000 movimientos por minuto e impulsa el agua y la pasta entre los dientes, que es donde el cepillo manual no llega. Ayuda a soltar la placa y a que no se acumule sarro. Un detalle práctico: casi no salpica, la pasta no sale despedida y suena bastante menos que un rotativo.
La vibración despista al principio. Las primeras veces hace cosquillas y parece que no cepillas, pero a los tres o cuatro usos le pillas el punto, solo tienes que desplazarlo sin apretar ni hacer el vaivén de siempre. Si vienes de un eléctrico clásico, no lo juzgues el primer día.
El sensor de presión avisa bajito y el temporizador te corta a los dos minutos
Lleva sensor de presión que avisa con un cambio de vibración y sonido cuando aprietas de más, útil para no castigar las encías, aunque en la práctica es un aviso discreto que a veces pasa desapercibido. Y un temporizador de 2 minutos que se pausa cada 30 segundos para cambiar de cuadrante. Se apaga solo a los dos minutos, así que si te gusta alargar el cepillado te quedas a medias.
La batería, el talón de Aquiles
Recién estrenado pasa de largo las dos semanas por carga con dos cepillados al día, y con eso casi te olvidas de la base. El problema viene con el tiempo: la autonomía va menguando y a los pocos meses puede no pasar del tercer día sin volver a la base, un desgaste que en este modelo se presenta antes de lo razonable.
Como la batería va sellada en el mango, no se puede cambiar por tu cuenta. Conviene no dejar que se agote del todo en cada ciclo y, si notas el bajón, mover la reclamación cuanto antes, mejor dentro de garantía que fuera.
¿Limpia de verdad? Sí, y a ratos de más
¿Es efectivo? Lo cierto es que sí. Limpia a fondo y saca hasta los restos de comida que el cepillo manual deja incrustados. Quizá un pelín agresivo para bocas sensibles: el modo blanqueamiento se hace demasiado intenso y con el normal va sobrado. Tras unas semanas de uso se aprecian los dientes más lisos y pulidos, sobre todo si acompañas con una buena pasta.
Nuestra Valoración final
Como cepillo de diario cumple de sobra: limpia a fondo, es sencillo y el microchip que avisa de cuándo cambiar el cabezal evita que sigas usando uno gastado. Los dos modos, normal y blanqueamiento, se quedan cortos frente a un DiamondClean, pero para el día a día sobran y se agradece no perderse entre programas.
Donde conviene tener los pies en el suelo es en la batería. Se desinfla: arranca aguantando semanas y acaba pidiendo cargador cada dos o tres días, y a los pocos meses se planta del todo, con una garantía que no siempre lo pone fácil. Cárgalo del todo la primera vez y guarda el ticket, porque con esta batería lo vas a necesitar.
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