Análisis de aspectos técnicos de productos y redactor de contenidos. Licenciado en Radioelectrónica por la Universidad de Cádiz y aficionado a la tecnología y a todo lo que tenga que ver con la nutrición y el deporte.
Fitbit Inspire 2
Diez días de batería reales en un cuerpo mínimo, con una pantalla diminuta en blanco y negro.
Aspectos Positivos
-
Diez días de batería que eran reales
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Carga magnética que entra sola
Aspectos Negativos
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Pantalla de 0,72 pulgadas y sin color
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Sin sensores más allá de lo básico
Índice de contenidos
Información adicional
| Autonomía | 10 días |
|---|---|
| Notificaciones | ✔ |
| Impermeable | ✔ |
| GPS | ❌ |
| Pagos NFC | ❌ |
| Modos deportivos | 6 |
Resumen
La Inspire 2 fue durante años la puerta de entrada a Fitbit: pequeña, ligera, con pantalla en blanco y negro y una batería que aguantaba más que casi todo lo que vendía la marca. Se compraba por la aplicación tanto como por el aparato. En Amazon España ya no quedan unidades a la venta, así que esto es un registro de lo que fue y de dónde ha ido a parar su hueco.
La Fitbit Inspire 2 de un vistazo
Diez días de batería en un cuerpo mínimo, con carga por conector magnético que se coloca de un manotazo. Era lo mejor que tenía y lo que la mantuvo vendiéndose tanto tiempo.
Medía pasos, distancia, calorías y pulso continuo, monitorizaba el sueño, avisaba de inactividad y permitía alarmas silenciosas. Reconocía media docena de actividades, entre ellas carrera, cinta, pesas, natación y entrenamiento de alta intensidad. Certificación 5 ATM.
Su límite estaba en la pantalla. Una OLED táctil de 0,72 pulgadas en escala de grises, que se veía sorprendentemente bien al sol pero que era diminuta y no mostraba color. Tampoco había GPS ni pagos.
Nuestra valoración: 6,6
Análisis detallado
La pantalla marcaba el techo de lo que podía hacer
Con menos de una pulgada y sin color, la Inspire 2 no era un sitio donde leer un mensaje largo ni consultar una gráfica. Lo que enseñaba bien eran cifras cortas y avisos, y para eso el contraste del blanco y negro jugaba a favor: se leía sin esfuerzo a pleno sol, algo que en 2020 no todas las pantallas a color conseguían.
Comparada con lo que se vende hoy en su mismo rango de precio, ese es el punto que más ha envejecido. Cualquier pulsera actual monta una AMOLED a color de metro y medio de pulgada larga, y la diferencia al usarla a diario es enorme: no es lo mismo mirar un número que ver el mensaje entero.
Diez días reales, y una carga que no daba guerra
La autonomía sí ha envejecido bien. Diez días declarados eran de verdad diez días en uso normal, sin la letra pequeña que traen las cifras infladas de ahora, precisamente porque la pantalla consumía muy poco. El conector magnético se pegaba en la posición correcta sin tener que desmontar la correa ni buscar el ángulo, que es exactamente el tipo de detalle que se agradece cada semana.
Aguantaba 5 ATM, o sea que se podía nadar con ella, y en la muñeca no se notaba. Como pulsera de registro básico cumplía sin dar problemas, y esa fiabilidad es lo que explica que fuera de las más vendidas de la marca durante tanto tiempo.
El resto del equipamiento iba en la misma línea de sencillez útil: alarmas silenciosas que despiertan por vibración sin molestar a quien duerme al lado, avisos de inactividad para levantarse cada tanto, y una quincena de esferas entre las que elegir la cara del aparato. Nada espectacular y todo funcionando, que en esa gama de precio no era lo habitual.
Lo que se pagaba de más era la aplicación
Fitbit llegó antes que casi todos y su aplicación era, en su momento, la más trabajada del sector: gráficas claras, histórico ordenado y una lectura del sueño que era la referencia. Buena parte del precio de cualquier Fitbit iba ahí y no al hardware, y con esta pulsera se notaba más que con ninguna, porque el aparato era deliberadamente simple.
Los modos de ejercicio lo dejaban claro: media docena contados, entre carrera, cinta, pesas, natación y entrenamiento de alta intensidad, más un modo de relajación. Frente a las pulseras chinas de la época, que ya presumían de noventa o cien modos, aquí la apuesta era la contraria, pocos y bien medidos, con la aplicación haciendo el trabajo de interpretación.
Ese equilibrio es el que ha dejado de tener sentido. Hoy, por el mismo dinero o menos, se compran pulseras con pantalla a color, sensores adicionales y aplicaciones que han recortado casi toda la distancia. Por eso hemos bajado la nota que teníamos publicada, que estaba puesta cuando esa aplicación marcaba una diferencia real.
Su hueco hoy
La sucesora directa es la Inspire 3, que sí existe y añade pantalla a color, pero en Amazon España solo aparece como listado de importación de Amazon US y por encima de su precio oficial. Ese es justo el canal por el que la marca deniega la garantía una y otra vez, así que no la hemos metido en el ranking.
Para lo que hacía esta pulsera, registrar y avisar sin complicaciones, quien busque lo mismo hoy tiene la Huawei Band 11: pantalla mucho mayor, batería del mismo orden, cobertura de fábrica de tres años y la vende Amazon sin intermediarios. Si además te interesa medir rutas sin llevar el teléfono, eso solo lo resuelve aquí la Xiaomi Smart Band 10 Pro.
Fue una pulsera honrada: hacía poco y lo hacía bien, con una batería que cumplía y una aplicación que en su día justificaba pagar de más por ella. Nada de eso ha desaparecido, simplemente ha dejado de ser especial.
Con el listado agotado, una pantalla diminuta en blanco y negro y la competencia ofreciendo color y más sensores por menos dinero, hoy no hay razón para buscarla.
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