Análisis de aspectos técnicos de productos y redactor de contenidos. Licenciado en Radioelectrónica por la Universidad de Cádiz y aficionado a la tecnología y a todo lo que tenga que ver con la nutrición y el deporte.
Samsung Galaxy Fit 2
Once días reales de batería y una aplicación llena de ajustes, en una pantalla de solo 1,1 pulgadas.
Aspectos Positivos
-
Once días reales entre cargas
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Aplicación con muchos ajustes
Aspectos Negativos
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Pantalla de solo 1,1 pulgadas
-
Ni oxígeno en sangre ni satélite
Índice de contenidos
Información adicional
| Autonomía | 15 días |
|---|---|
| Notificaciones | ✔ |
| Impermeable | ✔ |
| GPS | ❌ |
| Pagos NFC | ❌ |
| Modos deportivos | 90 |
Resumen
La Galaxy Fit 2 fue la apuesta de Samsung por la pulsera estrecha y barata, la que se colocaba muy por debajo de sus relojes. Pantalla curva de 1,1 pulgadas, quince días declarados de autonomía y una aplicación con más opciones de configuración que la media. Ya no está a la venta, y su enlace llevaba tiempo sin llevar a ninguna parte, algo que hemos corregido al retirarla.
La Samsung Galaxy Fit 2 de un vistazo
Pantalla AMOLED de 1,1 pulgadas con cristal curvado y resolución de 126 por 294 puntos. Pequeña incluso para su época, pero con buen contraste y un brillo regulable que la hacía legible al sol.
Llevaba acelerómetro, giroscopio y sensor de pulso, y reconocía más de noventa tipos de ejercicio. Añadía medición del nivel de estrés con ejercicios de respiración, alarmas y hasta setenta y cinco carátulas para cambiarle la cara. Era compatible con Android 5 y con iOS 10 en adelante.
Las dos ausencias importantes: ni medición de oxígeno en sangre ni GPS. Y la autonomía real se quedaba corta frente a lo que declaraba Samsung, aunque aguantaba de sobra más de una semana puesta.
Nuestra valoración: 6,4
Análisis detallado
Una aplicación con más ajustes de los habituales
Lo mejor que tenía no estaba en la muñeca sino en el móvil. La configuración permitía elegir qué widgets aparecían y en qué orden, hasta una docena, decidir si cada tipo de notificación encendía la pantalla o solo vibraba, y cambiar la carátula entre decenas de opciones. Ese nivel de detalle no era común en pulseras de este precio, y hacía que el aparato se adaptara al usuario y no al revés.
El histórico y las gráficas vivían aparte, en Samsung Health, que es la aplicación grande de la marca. Ese reparto en dos programas es el mismo que sigue vigente en la Galaxy Fit3 actual, y trae consigo el estorbo de siempre: para poner en marcha una pulsera barata hay que instalar varias aplicaciones de Samsung y crear una cuenta de la marca.
Noventa ejercicios y un par de funciones curiosas
Con acelerómetro, giroscopio y sensor óptico de pulso reconocía más de noventa tipos de ejercicio, una cifra que en su momento era de las más altas del mercado y que en la práctica significa que casi cualquier cosa que hicieras tenía su casilla. Detectaba sola las actividades más comunes sin que hubiera que arrancarlas a mano.
Encima montaba una medición del nivel de estrés que, cuando detectaba un pico, proponía ejercicios de respiración guiada en la propia pantalla. Y una función muy de su época: avisos programables para lavarse las manos, que Samsung añadió durante la pandemia y que se quedó en el aparato. Ninguna de las dos era imprescindible, pero daban la sensación de que el aparato hacía más de lo que costaba.
Quince días en el papel, once en la muñeca
La cifra anunciada eran quince días y en uso corriente se quedaba en torno a once, que sigue siendo una autonomía excelente y muy por encima de lo que da hoy la Galaxy Fit3 que la sustituyó. La pantalla diminuta y en blanco casi todo el tiempo tenía mucho que ver.
Lo que faltaba pesa más ahora que entonces. No medía saturación de oxígeno, que ya era estándar en su competencia directa, y no llevaba receptor de satélite, así que la ruta la ponía el teléfono. La correa estriada de silicona aguantaba bien el sudor, y el conjunto era tan estrecho que se olvidaba puesto.
Para dimensionar el salto de la generación siguiente: esta montaba 126 por 294 puntos en 1,1 pulgadas, y la Fit3 monta 256 por 402 en 1,6. Es la diferencia entre leer una línea y leer un mensaje.
Qué mirar en su lugar, y con qué condición
La sucesora directa es la Samsung Galaxy Fit 3, que arregla lo evidente: pantalla mucho más ancha, cuerpo de aluminio, medición de oxígeno en sangre y funciones de seguridad como la detección de caídas. Mantiene la ausencia de GPS propio y sigue sin llevar pagos.
Y arrastra una condición que en la Fit 2 no era tan estricta. Samsung especifica en la ficha oficial de la Fit3 que debe emparejarse con un teléfono Samsung Galaxy con Android 10 o superior, mientras que esta era compatible con Android e iOS de forma general. Si tu móvil no es un Galaxy, mira la Huawei Band 11, que declara compatibilidad con Android e iPhone y llega desde el propio Amazon.
Fue una pulsera bien acabada y muy configurable, con una autonomía que hoy seguiría siendo de las mejores del ranking. Se quedó corta en pantalla y en sensores, y esas dos cosas son las que han envejecido peor.
Está descatalogada y su enlace de compra llevaba tiempo roto, así que la dejamos publicada solo como referencia. Quien venga buscándola tiene su relevo en la Fit3, siempre que use un móvil de la marca.
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