Redactora, responsable de pruebas y calidad de contenidos. Diplomada en turismo por la Universidad de Sevilla (2002), técnico en PRL y con amplia experiencia laboral en el ámbito médico estético, el odontológico y la ergonomía. Especialista en consultoría y asesoría.
Durrafy D01 silla de oficina con reposacabezas
Cabezal regulable y el montaje mejor resuelto de la comparativa, en una silla que acompaña la espalda sin llegar a empujarla.
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Ofertas
Precio verificado el 20 Ago 2026 en 1 tienda · rango 30 días: 108,29€–139,99€
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Ventajas
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Cabezal regulable y desmontable
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Tornillería por bloques y guantes
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Asiento firme que no se hunde
Inconvenientes
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El apoyo lumbar casi no se nota
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Control de calidad desigual
Índice de contenidos
Información adicional
| Material | Malla de nylon y espuma |
|---|---|
| Colores | Negro |
| Apoyabrazos | ✔ (regulables en altura) |
| Respaldo | Basculante (sin bloqueo) |
| Cabezal | ✔ (ajustable y desmontable) |
| Peso máximo | 150Kg |
| Transpirable | ✔ |
Resumen
La Durrafy D01 de un vistazo
De todas las sillas de la comparativa, es la que mejor resuelve el montaje: tornillería separada por bloques siguiendo cada paso, herramienta cómoda incluida y hasta un par de guantes. Media hora sin pelearse con nada.
Respaldo de malla, cabezal regulable en altura y desmontable, apoyabrazos ajustables y 150 kilos declarados. A 1,85 y complexión grande sigue quedando sitio.
Donde se queda corta es en el detalle que da nombre a la categoría: el apoyo lumbar apenas se nota, y el respaldo no se bloquea reclinado.
Nuestra valoración: 7,8
Análisis detallado
La Durrafy D01 se mueve en la franja de los cien euros, justo entre las mallas básicas y las sillas con ajustes serios. Trae malla en respaldo y asiento, cabezal ajustable, apoyabrazos regulables en altura, base de cinco radios, pistón de tres niveles y dos años de garantía con reposición de piezas.
El montaje mejor resuelto de la comparativa
Merece un apartado propio porque en esta categoría el montaje es la primera decepción de mucha gente. Aquí la caja llega bien protegida, los tornillos vienen separados en bloques que se corresponden con cada paso del manual, la herramienta que incluyen agarra de verdad y en el paquete hay un par de guantes para no acabar con las manos marcadas.
Se monta en media hora larga sin forzar nada y sin necesidad de herramienta propia. Es un detalle pequeño que cambia la primera hora con la silla.
Un apoyo lumbar que casi no está
Esta es la pega de fondo. El soporte lumbar existe, se regula en altura y es tan discreto que mucha gente ni descubre que se mueve hasta pasados unos días. Al tacto es una pieza que empuja muy poco, y quien viene buscando una silla que sujete activamente la zona baja de la espalda se va a quedar con la sensación de que no hay nada ahí.
Tiene la lectura contraria, y por eso no hunde la nota: es exactamente lo opuesto a la Sihoo M57, cuyo lumbar aprieta tanto que a media jornada resulta invasivo. Si esa presión constante es lo que no soportas, este apoyo discreto te va a sentar mucho mejor. Si buscas corrección postural firme, no es esta silla.
Reclina, pero vuelve sola
El respaldo cede hacia atrás y la dureza con la que cede se gradúa con una rosca bajo el asiento, pero no se queda bloqueado en ningún ángulo: al soltar el peso, la silla vuelve a su posición recta. Sirve para estirar la espalda un momento en mitad de la jornada, no para recostarse a ver una serie.
Conviene tenerlo claro porque la ficha del fabricante habla de tres posiciones de reclinación y eso induce a pensar en posiciones fijas, que aquí no existen.
El cabezal se ajusta y tiene algo de juego
El reposacabezas sube, baja y se puede quitar entero, que es justo lo que le falta a las mallas económicas de esta comparativa. A cambio, el mecanismo que permite ese recorrido deja un pequeño juego: la pieza se mueve un poco al apoyar la cabeza. No se suelta ni se descoloca, pero se nota.
Asiento firme, respaldo bien dimensionado
El asiento es ancho, con relleno firme y 52 cm de profundidad. De primeras parece rígido, y esa impresión se suaviza tras varias horas: sostiene sin hundirse, que es lo que hace falta en jornadas largas. A quien busque un asiento mullido tipo sillón le va a resultar duro, sin más.
El respaldo de malla llega a los 70 cm y trabaja bien en cuerpos de hasta 1,85 con complexión ancha. La ventilación es la que cabe esperar de una malla de nylon, correcta en verano y sin sensación pegajosa.
Controles de calidad desiguales
Es el punto que más cuidado exige al comprarla. La mayoría llega impecable, pero no todas: aparecen asientos montados ligeramente inclinados hacia un lado, embalajes a los que les falta alguna pieza y reposabrazos con marcas de presión por venir todo demasiado apretado en la caja. Pasa lo bastante a menudo como para revisar la silla el mismo día que llega, dentro del plazo de devolución.
Cuando la incidencia se reclama al vendedor, la resolución suele ser rápida, y la garantía de dos años con reposición de piezas está por escrito en la ficha del producto.
Nuestra Valoración final
Por poco más de cien euros trae dos cosas que las mallas baratas no tienen: cabezal regulable y apoyabrazos ajustables, con un asiento firme que aguanta la jornada sin hundirse.
Le falta carácter en lo lumbar, que es casi decorativo, y le sobra lotería en el control de calidad. El respaldo tampoco se queda fijo al reclinar.
Encaja muy bien si buscas una silla de trabajo sobria, con el cabezal a tu altura y un apoyo lumbar que no te empuje. Si lo que quieres es que la silla te corrija la postura, la Sihoo M57 hace justo eso, y por eso cuesta el doble.
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