Redactora, responsable de pruebas y calidad de contenidos. Diplomada en turismo por la Universidad de Sevilla (2002), técnico en PRL y con amplia experiencia laboral en el ámbito médico estético, el odontológico y la ergonomía. Especialista en consultoría y asesoría.
Comhoma
Los únicos apoyabrazos de la lista que son acolchados, abatibles y además se pueden quitar del todo.
Aspectos Positivos
-
Apoyabrazos acolchados, abatibles y desmontables
-
Diez minutos de montaje y tornillos de repuesto
Aspectos Negativos
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Los refuerzos rozan la malla desde dentro
-
Sin reclinado y sin cabezal
Índice de contenidos
Información adicional
| Material | Malla traspirable |
|---|---|
| Colores | Gris y negro |
| Apoyabrazos | ✔ (regulables en altura y posición) |
| Respaldo | Fijo |
| Cabezal | ❌ |
| Ruedas | Plástico |
| Peso máximo | 135Kg |
| Transpirable | ✔ |
| Apta Suelo Parquet | ❌ |
Resumen
La Comhoma de un vistazo
Ya no está a la venta. Su rasgo distintivo eran los apoyabrazos acolchados, abatibles y desmontables, una combinación que en esta comparativa no repite ninguna otra: se levantan para acercarse a la mesa, se quitan del todo si estorban y, mientras están puestos, apoyan sobre acolchado y no sobre plástico duro.
A cambio no reclina, no lleva cabezal y monta ruedas de plástico. Y su respaldo tenía un punto flaco concreto: los refuerzos verticales presionan la malla desde dentro.
Nuestra valoración: 6,4
Análisis detallado
Los apoyabrazos, que resuelven dos problemas a la vez
En la mitad de las sillas de esta lista los apoyabrazos van fijos, y eso decide si la silla entra bajo el tablero o se queda fuera. Aquí abaten hacia arriba con un movimiento, así que la silla se mete entera bajo la mesa cuando no se usa y se libera el paso.

El segundo detalle es que se pueden desmontar por completo, y eso resuelve casos concretos: hay mesas con cajonera lateral y hay escritorios de 70 centímetros justos donde cualquier apoyabrazos choca, y en esos casos quitarlos es la única salida. Y a diferencia de los de plástico duro que montan las sillas baratas de la comparativa, estos van acolchados, que en jornadas largas es la diferencia entre apoyar el antebrazo y notar un canto.
El asiento era mejor de lo que su precio hacía esperar
Es la parte que mejor envejecía. El cojín es grueso y la espuma tiene densidad suficiente para no hundirse a las pocas semanas, que es el fallo que arruina la mayoría de las sillas de este tramo, incluida otra de esta misma comparativa cuyo asiento se aplasta con sesenta kilos encima.
El asiento mide 50 por 50 centímetros y la altura desde el suelo se regula en un recorrido de 50 centímetros hacia arriba. El respaldo de malla ventila y no pega la espalda como la polipiel de las sillas tipo gaming.
El punto flaco: los refuerzos verticales contra la malla
Es el detalle que solo se ve teniendo la silla delante. El respaldo lleva unos refuerzos verticales por detrás que empujan la tela desde dentro, así que la malla no trabaja tensada de forma uniforme, sino apoyada contra unas barras. Con uso intensivo, ese roce constante en los mismos puntos es por donde una malla acaba cediendo o rasgándose.
No es un fallo inmediato ni afecta al confort del primer año. Es un dato de durabilidad, y explica por qué esta silla encajaba mejor en un puesto de estudio que en un teletrabajo de ocho horas.
No reclina y no tiene cabezal
Las dos ausencias van juntas y marcan el techo de la silla. Sin respaldo reclinable no hay forma de recostarse a leer o a descansar, y sin cabezal no hay dónde apoyar la nuca aunque se pudiera. La silla está pensada para una postura, la de trabajo sentado erguido, y en esa postura funciona.
Soportaba hasta 135 kilos, que es de los máximos más altos de esta comparativa. Hay que recordar que ese número mide la resistencia de la estructura, no el confort: una silla puede aguantar 135 kilos sin romperse y hundir su espuma con 70.
El tallaje, que aquí era más amplio de lo habitual
Es su otra ventaja real. Con el asiento a 50 por 50, un recorrido de altura generoso y unos apoyabrazos que se quitan, admitía un rango de cuerpos más ancho que la media de la categoría: desde un niño o adolescente en un escritorio de estudio hasta un adulto de casi metro noventa.
Por encima de esa estatura el respaldo se queda corto y la falta de cabezal se nota de golpe. Y por debajo, el problema no es la silla sino la mesa: con el asiento en su posición más baja hay que comprobar que los pies llegan al suelo.
Ruedas de plástico y montaje sencillo
Las ruedas son el ahorro habitual de este tramo de precio y traen la consecuencia habitual: sobre parqué o tarima flotante marcan el barniz con el tiempo y ruedan con más ruido que las de poliuretano. Se sustituyen por separado y es lo primero que compensa cambiar.
El montaje, en cambio, era de lo mejor de la comparativa: instrucciones detalladas, tornillos de repuesto en la caja y unos diez minutos de trabajo. Suena menor hasta que se compara con las sillas de esta misma lista cuyas instrucciones obligan a deshacer medio montaje.
Qué mirar en su lugar
Si lo que te interesaba eran los apoyabrazos abatibles y acolchados, hoy la más cercana de la comparativa es la Durrafy D01, que además sí recline y declara su rango de estatura. Y si el motivo era la versatilidad de tallas dentro de una misma casa, la SONGMICS OBG65BK es la que cubre el rango más alto de la lista.
Nuestra Valoración final
Estaba bien resuelta en lo que casi ninguna silla de su precio acierta: un asiento que no se hunde, unos apoyabrazos que se apartan y un montaje sin sorpresas. Como puesto de estudio o para trabajar unas horas al día era una compra sensata.
Baja del 7,1 que tenía porque el criterio de esta categoría pesa más de lo que pesaba entonces: no reclina, no lleva cabezal, sus ruedas descartan el parqué y su respaldo tiene un punto de desgaste identificado. Y hoy no se puede comprar.
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