Análisis de aspectos técnicos de productos y redactor de contenidos. Licenciado en Radioelectrónica por la Universidad de Cádiz y aficionado a la tecnología y a todo lo que tenga que ver con la nutrición y el deporte.
Novasmart
Se manejaba con un solo botón y la correa se soltaba de la hebilla; la tensión la estimaba el mismo sensor que cuenta el pulso.
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Aspectos Positivos
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Semana larga de batería, la mejor de su grupo
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La más barata que cumplía como pulsera de actividad
Aspectos Negativos
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La hebilla se abre sola con el roce del día
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Sin pantalla táctil: todo con un botón
Índice de contenidos
Información adicional
| Notificaciones | ✔ |
|---|---|
| Impermeable | Lavable (IP67) |
| Autonomía | 7 días |
| GPS | ✔ |
Resumen
La Novasmart de un vistazo
Era una pulsera de actividad de las baratas con una función de tensión arterial añadida a la lista. Contaba pasos, calorías y sueño, seguía el pulso de forma continua, avisaba de llamadas y mensajes y aguantaba una semana larga de batería.
La cifra de tensión salía del mismo sensor óptico que cuenta las pulsaciones, sin manguito ni nada que la respalde. Y dos cosas de su día a día molestaban más de lo que parece: no tenía pantalla táctil y la correa se soltaba de la hebilla.
Nuestra valoración: 4,8
Análisis detallado
Qué medía de verdad y qué no
Empiezo por lo que trae a casi todo el mundo a esta ficha. La Novasmart anunciaba presión arterial, y lo que llevaba dentro era un sensor de luz apoyado contra la muñeca, el mismo que sirve para contar pulsaciones. Ese sensor ve pasar la sangre, no la presión con la que empuja: para eso hace falta apretar la arteria con un manguito y leer cómo se comporta al soltarla, que es lo que hace el aparato de la consulta y lo que ningún aparato de este tamaño hacía en 2023.
De ahí salen las dos consecuencias que importan. La primera, que el número que enseñaba en pantalla era el resultado de un cálculo con una referencia que la propia pulsera se inventaba o que le dabas tú desde la aplicación. La segunda, que no había forma de comprobarlo: la marca no publicó nunca un marcado CE como producto sanitario ni una validación contra la norma que se usa para eso, y sin una de las dos cosas no hay nada que mirar.
No es un problema de esta pulsera en concreto, es el de toda la gama de quince a noventa euros a la que pertenecía. Conviene tenerlo claro porque el resto de sus funciones sí hacían lo que decían.
Lo que sí hacía, y lo hacía bien
Como pulsera de actividad cumplía. Pasos, calorías, distancia estimada y varios modos deportivos, con un registro de sueño que separaba el ligero del profundo. El pulso lo seguía de forma continua, no solo cuando se lo pedías, y ese dato sí es el que un sensor óptico sabe dar.
Las notificaciones llegaban completas: llamadas, mensajes y avisos de las aplicaciones de mensajería, con el texto en la pantalla. Y la ruta se registraba apoyándose en el GPS del móvil, lo que en la práctica significa que salir a andar sin el teléfono encima dejaba la distancia en una estimación por pasos.
La resistencia al agua era la básica de su categoría, la que aguanta lavarse las manos, la lluvia y una ducha corta, pero no meterse en una piscina. Y la batería, con el uso normal de una pulsera de este tipo, se movía en la semana larga, que era de lo mejor del grupo.
Un botón para todo, y una hebilla que se soltaba
Aquí están sus dos defectos propios, los que no se deducen de la ficha técnica.
La pantalla no era táctil. Todo se manejaba con un botón: pulsaciones cortas para pasar de una cosa a otra y largas para entrar, con lo que llegar a la pantalla de la tensión pedía una secuencia que había que memorizar. En una pulsera pensada para consultar un dato rápido, eso es más fricción de la que parece sobre el papel.
Y la correa de silicona, suave y cómoda, no cerraba bien: el sobrante se salía del pasador y la hebilla se abría sola con los roces del día. En una pulsera cuya medición depende de que quede firme en su sitio, una hebilla floja no es un problema de comodidad, es una cifra peor.
Frente a las otras tres de su grupo
Vale la pena situarla, porque las cuatro pulseras que compartían escaparate con esta se diferenciaban en cosas concretas. La IOWODO admitía inmersión y esta no, con lo que la ducha era un riesgo diario que allí no existía. La August Audar se cargaba enchufando la propia pulsera a un USB, sin pinza que perder. Y la DigiKuber era la única con GPS de verdad dentro.
Lo que la Novasmart tenía por encima de todas era la batería, la semana larga sin acercarse al cargador, y el precio, que era el más bajo del grupo. Si la comparación se hace por lo que de verdad hacían, esa es la casilla que ocupaba: la más barata que cumplía como pulsera de actividad.
Hoy no se vende, y no hay relevo de la marca
El listado de esta pulsera lleva tiempo muerto y la marca no ha sacado un modelo que la sustituya, así que no hay a dónde apuntar dentro de la misma casa. Si lo que buscas es lo que esta pulsera hacía bien, cualquier pulsera de actividad actual de marca conocida cuenta pasos, sigue el pulso y registra el sueño mejor que esta, por menos dinero.
Si lo que buscabas era la tensión, la única pulsera que hoy puede enseñar el papel es el Hilo, con marcado CE de clase IIa y validación clínica, y aun así se compra además de un tensiómetro de brazo, no en su lugar.
Nuestra Valoración final
Como pulsera de actividad barata era correcta y su batería estaba por encima de la media del grupo. Como tensiómetro no era nada, y esa es la parte por la que la gente entraba a mirarla.
La nota se queda donde se queda por eso y por sus dos defectos de manejo, el botón único y la hebilla, que se notan a diario. Ya no está a la venta en ninguna tienda.
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