Escrito por Sergio Robles
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Este modelo ya no se vende. Lo dejamos publicado porque el análisis sigue sirviendo si lo tienes en casa o te lo encuentras de segunda mano, pero ya no se puede comprar nuevo. Hoy su sitio lo ocupa la Hilo Pulsera Tensiómetro, que analizamos aparte.

DigiKuber

Su propia pantalla etiquetaba la función como ECG más PPG, y con un sensor de luz no se dibuja un electrocardiograma.

Valoración global
4,6
Fiabilidad de la medida
2,8
Batería y autonomía
6
Diseño y manejo
5
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Aspectos Positivos

  • GPS propio, sin depender del móvil

  • Iconos grandes que se leen sin gafas

Aspectos Negativos

  • Anunciaba electrocardiograma con un sensor óptico

  • Se desempareja de la aplicación cada poco

  • Al sol la pantalla se queda corta

Información adicional

Notificaciones✔
ImpermeableSumergible (IP68)
Autonomía10 días
GPS✔

Resumen

La DigiKuber de un vistazo

Es la pulsera de este grupo que más cosas anunciaba: tensión, oxígeno en sangre, temperatura corporal y electrocardiograma, todo desde la muñeca y con iconos grandes a color pensados para leerse de un vistazo.

El problema es de fondo y no de acabado. Su propia pantalla etiquetaba la función como ECG más PPG, y con un sensor de luz no se hace un electrocardiograma. A eso se le sumaban unos cortes de conexión con la aplicación y una pantalla que al sol se leía mal.

Nuestra valoración: 4,6

Análisis detallado

El electrocardiograma que anunciaba

Un electrocardiograma es el dibujo de la señal eléctrica del corazón, y para leerla hacen falta electrodos que hagan contacto con la piel en dos puntos del cuerpo. Un sensor óptico no lee esa señal: ilumina la muñeca y mide cuánta luz vuelve, que es otra cosa completamente distinta.

Pulsera DigiKuber con la pantalla a color mostrando la etiqueta ECG mas PPG

Lo llamativo es que la marca no lo escondía: en la propia pantalla del aparato aparece la etiqueta ECG más PPG, y su material de venta llegaba a enseñar un informe con el complejo QRS y los intervalos dados por normales, redactado como si saliera de una consulta. Un aparato de menos de cincuenta euros sin certificación sanitaria imprimiendo un informe con esa pinta es lo más discutible que hemos visto en esta categoría.

Con la tensión pasa lo mismo un escalón más abajo: la cifra sale de una fórmula sobre el tiempo del pulso, sin el certificado europeo de producto sanitario y sin ningún contraste publicado contra un aparato de brazo.

Los iconos grandes, que eran su idea buena

Y ahora la parte que sí funcionaba, porque la hay. La interfaz estaba pensada para gente que no quiere aprenderse menús: cada medida con su dibujo grande a color, números gordos y una sola pantalla por función. Esto, que suena a tontería, es lo que separa una pulsera que se usa de una que se queda en el cajón cuando quien la lleva no tiene vista de veinte años.

La pena es que ese acierto de diseño se lo comía el brillo. Con sol de verdad la pantalla se quedaba corta y había que buscar sombra o subir el brillo a mano, con lo que la ventaja de tener los iconos grandes se perdía justo cuando más falta hacía, al aire libre.

GPS propio y diez días de batería

De todas las pulseras de este grupo, esta era la única con GPS integrado de verdad, no el del móvil. Salir a andar o a correr sin el teléfono encima y volver con el recorrido dibujado es algo que las demás no hacían, y a este precio era raro encontrarlo.

La batería llegaba a los diez días con poco uso, aunque con el GPS en marcha o con mediciones automáticas cada poco caía deprisa, que es lo normal en cualquier aparato de este tipo. Admitía inmersión, así que ducha y piscina entraban sin sustos, y avisaba de mensajes, llamadas y recordatorios de moverse.

Lo que estropeaba la convivencia era la conexión: la pulsera se desemparejaba de la aplicación cada cierto tiempo y había que volver a buscarla para que sincronizara. En un aparato cuyo único sitio para ver el histórico es el móvil, eso significa perder días de registro sin enterarte.

Y la temperatura corporal, la otra medida que anunciaba

Entre sus funciones aparecía la medición de temperatura corporal, y conviene entender qué se mide ahí porque la etiqueta induce a error. Un sensor pegado a la cara interna de la muñeca mide la temperatura de la piel, no la del cuerpo. Y la de la piel se mueve con la del ambiente, con la ropa, con lo que estés haciendo y con cuánta sangre te esté llegando a esa mano en ese momento.

Por eso una lectura de treinta y seis y pico en la muñeca puede convivir con un cuadro de fiebre, y al revés: una tarde de sol en la terraza sube el número sin que le pase nada a nadie. Los termómetros que sí dan la temperatura corporal la leen en la frente, en el oído o debajo del brazo, y aun así los de frente y oído tienen sus condiciones.

Como dato para ver una tendencia a lo largo de varios días, un sensor de muñeca da algo. Como cifra para decidir cualquier cosa, no. Es el mismo patrón que con la tensión, y por eso esta pulsera acumulaba tantas etiquetas que se caen al mirarlas de cerca.

Descatalogada, y sin nada equivalente que recomendar

Está descatalogada en todas partes. Y en su caso no hay un sustituto directo que proponer, porque lo que la hacía distinta era justo lo que no se sostiene: ninguna pulsera de este precio hace un electrocardiograma ni mide la temperatura corporal con criterio.

Para el pulso, los pasos y el sueño, cualquier pulsera de marca conocida sirve. Para la tensión, quien la quiera desde la muñeca con algo que enseñar tiene una sola opción, y llega con un manguito de brazo en la misma caja porque hace falta.

4,6

Nuestra Valoración final

Tenía dos cosas de verdad buenas para su precio, el GPS propio y una interfaz pensada para leerse sin gafas, y las dos quedan enterradas debajo de todo lo que prometía y no podía cumplir.

Es la nota más baja de esta lista y no por sus defectos de uso, que los tenía y son menores, sino por presentar como medida clínica lo que un sensor de luz no puede dar. Hoy está descatalogada.

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