Análisis de aspectos técnicos de productos y redactor de contenidos. Licenciado en Radioelectrónica por la Universidad de Cádiz y aficionado a la tecnología y a todo lo que tenga que ver con la nutrición y el deporte.
August Audar
Se cargaba enchufando la propia pulsera a un USB, sin cable ni pinza; el electrocardiograma lo hacía el sensor del pulso.
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Aspectos Positivos
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Se carga enchufándola a un USB, sin pinza ni cable
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Siete días de autonomía
Aspectos Negativos
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El electrocardiograma lo hacía el sensor del pulso
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Sin GPS, ni propio ni del móvil
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La correa hace de tapa de carga y se desgasta
Índice de contenidos
Información adicional
| Notificaciones | ✔ |
|---|---|
| Impermeable | Lavable (IP67) |
| Autonomía | 7 días |
| GPS | ❌ |
Resumen
La August Audar de un vistazo
Su idea propia no estaba en los sensores, estaba en la carga: se quitaba la correa y aparecía un conector USB en el propio cuerpo de la pulsera, así que se enchufaba a cualquier puerto sin cable ni base. Con siete días de batería, eso significaba no tener nunca que buscar nada.
El resto era la lista larga de siempre. Anunciaba electrocardiograma y presión arterial con un sensor de luz, que es el mismo que cuenta el pulso, y se quedaba sin GPS ni siquiera apoyándose en el móvil.
Nuestra valoración: 5,2
Análisis detallado
La carga sin cable, que es lo único que no tenían las demás
Todas las pulseras de esta gama se cargan con una pinza propia, esas de dos contactos que se pierden en un cajón y que cuestan más de encontrar que la pulsera de reemplazar. Esta no: tirando de la correa quedaba a la vista un conector USB completo, y se enchufaba directamente al ordenador, a un cargador de móvil o a una batería externa.
Es de esas soluciones que parecen menores y cambian el uso real: con siete días de autonomía, cargarla es algo que pasa una vez a la semana en cualquier sitio donde haya un puerto, sin planificarlo. La pega del sistema es de largo plazo, y hay que decirla: la correa se desmonta y se vuelve a montar cada vez, y esa pieza acaba cediendo antes que el resto del aparato.
El electrocardiograma y el sensor que lo hacía
La ficha de esta pulsera describía la función de electrocardiograma y, en la misma frase, decía qué la ejecutaba: un sensor PPG. Esas tres letras son las del sensor de fotopletismografía, el que ilumina la muñeca y mide la luz que vuelve para contar pulsaciones. Es el mismo componente que llevan las pulseras de veinte euros que no anuncian nada.
O sea que la contradicción venía dentro del propio anuncio, sin necesidad de discutirla: la señal eléctrica del corazón, que es lo que un electrocardiograma dibuja, ese sensor no la toca. Y con la presión arterial ocurre lo de siempre en este grupo: se calcula a partir del tiempo del pulso y de una referencia previa, y detrás no hay papeles de ninguna clase.
Lo que sí daba bien era la frecuencia cardíaca en reposo y el registro de sueño, que es exactamente lo que ese sensor sabe hacer.
Sin GPS, ni propio ni prestado
Aquí perdía contra sus vecinas. No llevaba GPS integrado y tampoco se apoyaba en el del móvil para dibujar la ruta: la distancia era una estimación calculada a partir de los pasos y de la longitud de zancada.
Para andar por la calle da un número aproximado y suficiente. Para correr, para bicicleta o para cualquier cosa en la que el paso no marque la distancia, ese número no significa nada. Si el registro del recorrido importa, esta pulsera nunca fue la opción.
El resto de funciones de convivencia sí estaban completas: avisos de mensajes, llamadas y correo con el texto en pantalla, alarmas y recordatorios de inactividad, y la resistencia al agua básica, la que aguanta lluvia y manos mojadas pero no una piscina.
La correa es la pieza crítica, y aquí más que en ninguna
En cualquier pulsera de silicona la correa es lo primero que se rompe, casi siempre por la muesca del pasador o por el agujero que más se usa. En esta el asunto es distinto, porque la correa no solo sujeta: es la tapa que cubre el conector de carga y se desmonta y se vuelve a montar todas las semanas.
Esa pieza acumula el desgaste de dos trabajos en vez de uno, y cuando el enganche se afloja pasan las dos cosas a la vez: la pulsera se mueve en la muñeca, con lo que la lectura del sensor empeora, y el contacto de carga queda menos protegido.
Con un aparato descatalogado eso deja de tener arreglo. Las correas de estas pulseras no son estándar, se compran a la marca, y una marca que ya no vende el producto no fabrica repuestos. Es un detalle a tener en cuenta con cualquier aparato de este tipo que se compre de segunda mano: el cuerpo puede estar perfecto y quedarse inservible por una tira de goma que no existe.
Hoy no está a la venta
Su listado murió sin sucesor. Para lo que de verdad hacía bien, contar pasos y seguir el pulso, hoy hay pulseras mejores de marcas conocidas por el mismo dinero, y varias resuelven la carga con un imán que tampoco pide cable.
Para la tensión no existe hoy más que un candidato certificado en este formato, y ni siquiera se vende como recambio de un aparato de brazo: lo lleva dentro de la caja para calibrarse con él.
Nuestra Valoración final
El conector USB en el cuerpo de la pulsera es la mejor idea de todo este grupo y sigue siéndolo hoy: resuelve el problema que de verdad hace que estas pulseras se abandonen, que es no encontrar el cargador.
Lo que la hunde es lo que prometía. Un electrocardiograma hecho con el sensor del pulso y una tensión sin nada que la respalde son dos afirmaciones que no se sostienen, y en un aparato de salud eso pesa más que cualquier acierto de diseño. Ya está fuera del mercado.
Valoraciones (1)
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Constantino –
No puedo conectar ni actualizar mi relog, la APP no funcions desde hace tiempo.