Análisis de aspectos técnicos de productos y redactor de contenidos. Licenciado en Radioelectrónica por la Universidad de Cádiz y aficionado a la tecnología y a todo lo que tenga que ver con la nutrición y el deporte.
Compex Fit 3.0
Veinte programas que sí se notan distintos y una interfaz clara; su lado incómodo está en la carga.
Ofertas
Aspectos Positivos
-
Escanea el músculo antes de empezar
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20 programas repartidos en tres bloques
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Cables y parches que aguantan
Aspectos Negativos
-
El escaneo previo resulta molesto
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Sin clip para engancharlo a la ropa
-
Conexión por cable, sin wifi
Índice de contenidos
Información adicional
| Funciones | EMS + TENS + Masaje |
|---|---|
| Programas | 20 |
| Electrodos | 8 |
| Canales | 4 |
| Fuente de alimentación | Recargable |
| Autonomía | 20 sesiones |
| Tiempo de carga | 4h |
Resumen
El Compex Fit 3.0 de un vistazo
El Fit 3.0 es el modelo que mejor equilibra la gama doméstica de Compex: veinte programas repartidos por objetivo, pantalla retroiluminada que se lee con cualquier luz, cuatro canales, ocho parches con terminación de plata y una fabricación que se aprecia nada más tocar los cables. Su interfaz, con muñeco animado y musiquilla al terminar la sesión, parece salida de una maquinita de los noventa, y da exactamente igual: se entiende a la primera, que es más de lo que puede decirse de casi cualquier competidor con este número de programas. Los peros se concentran todos en el mismo sitio, la alimentación, y no son menores. Aun así es el más redondo de esta comparativa.
Nuestra valoración: 8,8
Análisis detallado
Veinte programas ordenados por objetivo
La diferencia con un aparato genérico de veinte programas no está en la cifra, sino en que aquí están agrupados de una forma que se entiende sin abrir el manual. Nueve pertenecen al grupo Fitness, con etiquetas tan directas como tonificar músculos, definir abdominales, esculpir glúteos, reafirmar brazos, musculación o capilarización. Ocho forman el grupo Antidolor, y uno de ellos es el TENS clásico, el que la marca declara para el dolor; los otros siete son variantes con distinto patrón de impulsos. Dos son de Recuperación, de tipo masaje relajante y regenerativo. Y queda uno suelto en un cuarto grupo aparte. Sumados dan veinte, y a diferencia del hermano pequeño de la gama, aquí cada bloque se siente distinto del anterior, que es lo que justifica tener tantos. Lo que no se puede es editarlos ni alargar la sesión: el TENS se planta en veinte minutos y no hay manera de estirarlo.
Mi-Scan, la función que menos me convence
Es la tecnología con la que Compex vende este modelo. Antes de arrancar, un cable con sensor lanza una serie de impulsos para medir la respuesta del músculo y fijar la intensidad de partida. La idea es buena y la ejecución tiene un problema evidente: esa medición se percibe como una tanda de pinchazos irregulares, suaves y fuertes alternados, que en zonas sensibles resulta más incómoda que útil. Y la diferencia que introduce después es difícil de apreciar frente a subir la intensidad a mano. Conviene saber, además, que el Fit 3.0 incorpora solo una de las tres funciones que la marca agrupa bajo su etiqueta de inteligencia muscular; las otras dos están reservadas a los modelos de arriba. Se puede prescindir de Mi-Scan sin perder nada esencial, y eso rebaja el peso del argumento comercial que lo acompaña.
La carga es lo que peor lleva
Aquí se concentran casi todos los disgustos. La alimentación es un pack propietario, cuatro celdas recargables soldadas en un mismo cuerpo, que tarda entre tres y cuatro horas en llenarse. La autonomía se mueve mucho según cuántos canales trabajen a la vez: con sesiones sueltas aguanta días, y con los cuatro cables en uso diario hay que volver al cargador cada dos o tres. Para cargarlo hay que retirar todos los cables de electrodos, y la clavija del cargador entra dura, lo bastante como para parecer que no encaja. El aparato no funciona mientras carga, por seguridad. Y el fallo grande es el mismo de toda la gama: si pasa meses parado, el bloque cae por debajo del punto desde el que el cargador puede recuperarlo y deja de arrancar. El recambio ronda los treinta euros, se vende entero y no por celdas, y es una decisión de diseño difícil de defender en un equipo de este precio.
Parches, cables y mantenimiento
Los electrodos son de lo mejor que viene en la caja: terminación de plata para repartir la corriente de manera uniforme, cuatro cuadrados y dos rectangulares de doble botón, y una duración que se cuenta en decenas de sesiones, muy por encima de la de cualquier genérico. También son caros de reponer, y ese será el gasto que acompañe al aparato durante toda su vida, bastante por encima de lo que costó el equipo si se usa a diario. Lo otro que hay que asumir es la maraña de cableado: cuatro canales significan cuatro cables de doble salida, ocho puntas repartidas por el cuerpo, y montar y recoger todo eso lleva su rato en cada sesión.
La documentación va por detrás del aparato
El Fit 3.0 se sigue vendiendo con el manual completo en un CD, un formato que ya no lee prácticamente ningún ordenador doméstico. Lo que llega en papel es una guía rápida y unos pósters con los programas y las posiciones de electrodos, útiles pero cortos para veinte programas. El hueco lo tapa la aplicación de Compex para móvil, que sí está al día y guía la colocación paso a paso. Funciona, pero convierte el teléfono en pieza obligatoria de un aparato caro que debería traer su documentación resuelta de serie. Es el mismo defecto de toda la categoría, solo que aquí choca más porque el resto del producto está muy cuidado.
Dónde encaja dentro de la escalera de Compex
Por debajo queda el Fit 1.0, con la mitad de programas, sin retroiluminación y sin Mi-Scan, por aproximadamente la mitad de dinero. Por encima, el Fit 5.0 y la serie SP amplían el catálogo, incorporan las funciones de inteligencia muscular que aquí faltan y, sobre todo, eliminan el cableado con módulos inalámbricos que se pegan al propio parche. Ese, y no la cifra de programas, es el argumento de verdad para subir, porque buena parte de lo que añaden los modelos altos se solapa con lo que este ya trae. Mi lectura es que el 3.0 es el techo razonable para una casa: incorpora los ocho programas del grupo Antidolor que el 1.0 no tiene y se ahorra el sobreprecio de la conectividad. Hay un detalle que ayuda a decidir: los accesorios son compatibles entre generaciones, y cables, parches y bloque de batería pasan de un Compex a otro, así que quien tenga uno antiguo reaprovecha media caja. En sentido contrario, si la intención es solo tonificar, este modelo es más aparato del necesario y el hermano pequeño cierra el asunto por la mitad.
Nuestra Valoración final
El más completo de la comparativa y el que mejor resuelve lo difícil: veinte programas que de verdad se diferencian, una interfaz que se entiende sola y consumibles de calidad. Le pesan el bloque de batería propietario, un cargador áspero y un Mi-Scan que promete más de lo que aporta. Aun con esos peros, es el que compraría si el presupuesto llega.
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