Análisis de aspectos técnicos de productos y redactor de contenidos. Licenciado en Radioelectrónica por la Universidad de Cádiz y aficionado a la tecnología y a todo lo que tenga que ver con la nutrición y el deporte.
Beurer BM96
Mide rápido y en silencio, y te registra un electrocardiograma de hasta dos minutos sin cambiar de aparato.
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Precio verificado el 24 Ago 2026 en 1 tienda · rango 30 días: 130,80€–130,80€
Aún no hay datos de histórico para este producto.
Ventajas
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Medición durante el inflado
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Electrocardiograma de 120 segundos
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Compresor silencioso
Inconvenientes
-
Informe del ECG de pago
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Emparejamiento sensible al móvil
Índice de contenidos
Información adicional
| Alimentación | Pilas |
|---|---|
| Manguito | 22-42 cm |
| Memoria | 2 x 60 mediciones |
| Usuarios | 2 usuarios |
| Aviso de latido irregular | Sí |
| Bluetooth | Sí |
| Tipo de medición | Brazo |
Resumen
El Beurer BM96 de un vistazo
El Beurer BM96 es un tensiómetro de brazo que además registra un electrocardiograma de un canal, y es esa segunda pata la que explica que se vaya por encima de los cien euros cuando hay tensiómetros sencillos que miden igual de bien por una quinta parte. Mide mientras infla el manguito, así que la toma se acaba antes y el compresor apenas se oye.
En precisión no da disgustos. Su punto flaco está en el software, no en el hardware. El emparejamiento con el móvil entra a la primera con unos teléfonos y con otros no hay manera, el trazado del ECG sube a la app mucho peor que la tensión, y el puerto USB no hace lo que uno espera de un puerto USB.
Está pensado para casas donde ya se mide la tensión a diario y se quiere dar un paso más, con el electrocardiograma en el mismo aparato y el histórico en el móvil. Quien pretenda guardar esos registros en su ordenador, o llevarse el trazado en un documento sin pagar nada aparte, se va a llevar un chasco.
Nuestra valoración: 9,5
Análisis detallado
Manguito y ajuste
Cubre de 22 a 42 cm, de modo que entra prácticamente cualquier brazo de la casa, y el aparato lleva un control de colocación que avisa cuando el manguito no está bien puesto. Ese control acierta y corrige poco, porque el manguito suele caer solo en su sitio. Es de las cosas que el BM96 hace bien y sin ruido.
Donde falla es en la anchura. La banda es muy ancha para lo que da un brazo normal y en personas altas ocupa casi todo el hueco entre la axila y la flexura del codo, hasta el punto de que cuesta dejar libres los dos o tres centímetros de rigor por encima. Con un par de centímetros menos de banda el ajuste sería mucho más natural. El tubo que va al aparato se queda corto por el mismo motivo, y obliga a tener la unidad pegada al brazo.
El velcro es el punto débil de verdad. La superficie del manguito resbala y ceñirlo limpio con una sola mano cuesta, y el cierre se gasta con el uso: alrededor del año empieza a costar fijarlo y hacia el año y medio deja de agarrar del todo. Antes de llegar ahí ya da la lata, porque se afloja mientras el aparato infla y hay que rehacer la medición. Es la pieza que primero envejece.
Medición y fiabilidad
El BM96 mide mientras infla, no al desinflar como hace la mayoría, y eso cambia la sensación de uso. La toma va rápida y el compresor suena suave, sin el zumbido bronco de los aparatos de gama media. Si alguien duerme cerca, se agradece.
La precisión es su terreno firme. Los valores cuadran con los de otros tensiómetros de brazo y la coincidencia se mantiene toma tras toma, que es lo que de verdad importa en un aparato de seguimiento. La excepción está en el careo con un aparato que mide al desinflar: ahí los valores de uno y otro no siempre coinciden.
Además de la presión y el pulso, avisa de latido irregular y anuncia detección de fibrilación auricular y extrasístoles. Junto con el ECG, es lo que le da sentido a lo que cuesta.
Electrocardiograma: qué registra y qué te deja sacar
El ECG es de un canal y se registra apoyando los dedos en los electrodos del propio aparato, con duraciones de 30, 60, 90 y 120 segundos. Encontrar la postura que mantiene el contacto estable durante dos minutos no es inmediato, y el registro se resiente en cuanto el contacto flojea.
Cuando el trazado llega a la app aparece otro problema: los últimos segundos del registro salen con un nivel disparatado y mucho ruido, da igual la duración que hayas elegido. Ese tramo final no vale para nada. Y el trazado que sube desde el ordenador se dibuja a una escala tan grande que la curva no se deja ajustar de forma decente en pantalla.
Lo gordo viene después. El ECG del BM96 no se descarga en PDF por tu cuenta: para tener el trazado en un documento presentable hay que pasar por el servicio de valoración de Beurer, que se paga por mensualidad, y el informe que devuelve dibuja la curva pequeñísima entre mucho texto de relleno. Por la vía corta lo único que sale es una imagen suelta del diagrama. Nada de esto viene claro en la caja ni en la ficha comercial, y es la clase de sorpresa que uno descubre con el aparato ya abierto.
Pantalla y manejo
La pantalla es grande y va bien iluminada, con las cifras a un tamaño que se lee sin acercarse. El aparato está bien rematado y no desentona en una mesilla. Hasta ahí, todo correcto.
El manejo es otra historia. Son cinco botones y aun así no se adivina nada: hay que sentarse con el manual para poner la fecha y la hora o para entender qué hace cada tecla. Y el manual son 36 páginas de letra menuda, del tamaño que hay que leer con lupa, mientras la guía rápida se queda en poner pilas y emparejar. Para un aparato que va a acabar en manos de gente mayor, eso es un fallo de diseño y no un detalle.
Las teclas son táctiles y tienen el gatillo muy suelto. Basta con sostener el aparato en la mano después de encenderlo para cambiar de usuario sin querer, y el cambio solo se indica con un número pequeño que se pierde entre las cifras grandes, así que te enteras cuando ya has medido. Poner la fecha y la hora con esas mismas teclas M1 y M2 se convierte en un baile. Una simple luz bajo cada tecla habría bastado.
Memoria y usuarios
Guarda 60 registros por usuario y tiene dos perfiles en el aparato, que se eligen con M1 y M2. Para una pareja da de sobra si los datos se vuelcan con cierta regularidad. Para quien encadena varias tomas al día, esos 60 se llenan antes de lo que parece.
El reparto por usuarios se enreda al llegar a la app. Cada perfil necesita su propia dirección de correo, así que dos personas que compartan el email de casa no pueden tener dos cuentas, y ahí se acaba el modo multiusuario tal y como uno se lo imagina. Encima la app sincroniza solo las medidas del usuario que tiene configurado: una toma hecha con el perfil equivocado en el aparato se queda encallada ahí y no aparece en el móvil. Con lo fácil que es rozar la tecla del usuario que no toca, la combinación es mala.
Conectividad y app
Ahí está el BM96 se cae. El emparejamiento por Bluetooth es una lotería según el teléfono: con un Android reciente entra a la primera, con modelos algo más antiguos aunque estén actualizados no hay manera, y hay móviles que sencillamente no están soportados. Eso último no se sabe al comprar, se descubre en casa peleándose con el aparato.
Aun con el emparejamiento resuelto, la transferencia no es estable. La tensión sube casi siempre, el ECG casi nunca, y el volcado obliga a comprobar la conexión cada vez porque puede cortarse a mitad. También pasa que deja de transmitir por completo a las pocas semanas y muestran un código de error en pantalla. En un tensiómetro que se compra precisamente por estar conectado, eso no es un detalle menor.
El USB es la otra decepción. Viene el cable en la caja y el aparato muestra «PC» en pantalla cuando lo conectas estando apagado, que es la única manera de que arranque la sincronización. La documentación no lo cuenta por ninguna parte.
Lo peor es el destino de los datos. No se quedan en el ordenador: pasan de largo camino de la nube de Beurer, y sin conocimientos de informática ahí no hay nada que ver. La ficha comercial promete transferencia de los valores al ordenador, y eso no es lo que nadie entiende por transferir al ordenador. Lo que sí va fino es el enlace con Apple Health, la vía más cómoda si estás en el ecosistema de Apple.
Alimentación y lo que trae la caja
Funciona solo con pilas y no admite adaptador de corriente, ni siquiera opcional. En un aparato de sobremesa de esta gama me chirría bastante: el compresor, la pantalla iluminada, el Bluetooth y el ECG salen todos de las pilas, y este no es un modelo de viaje que vaya a moverse de su rincón. El autoapagado tras un rato de inactividad compensa algo, pero el enchufe se echa en falta.
En la caja van el cable USB, la guía rápida y el manual completo. La guía rápida se queda en poner pilas y emparejar, así que todo lo demás vive en esas 36 páginas de letra pequeña. Es un aparato que exige leerse la documentación entera antes de la primera medición, y esa documentación no está pensada para quien lo va a usar.
Versiones: el BM96 y el ME90 de bolsillo
El BM96 no está solo en la familia. Beurer tiene también el ME90, la variante de bolsillo, un aparato pensado para llevar encima y centrado en el electrocardiograma. El BM96 es el modelo grande, el de sobremesa con manguito de brazo, y es el que se vende hoy como la opción completa de la casa: el que compras si quieres presión y ECG en una sola caja.
Entre los dos hay dos diferencias que deciden. La primera juega a favor del grande: el ME90 se queda en registros de 30 segundos y el BM96 llega a 120, con los escalones de 60 y 90 por el camino. La segunda juega en contra, y pesa mucho: en el ME90 los trazados se descargaban en PDF por cuenta propia, y en el BM96 esa salida ha desaparecido en favor del informe de pago. Es un paso atrás justo en lo único donde no debería haberlo dado.
El grande compensa cuando el electrocardiograma es un extra dentro del control de la tensión y quieres una sola caja encima de la mesa. Si el electrocardiograma es lo principal y te importa poder guardarlo tú, el pequeño hace ese trabajo con menos ataduras y sin cuota de por medio.
Nuestra Valoración final
Empiezo por lo que falla, porque es la mitad de la reseña. El Bluetooth va a rachas según el móvil, el electrocardiograma sube a la app mucho peor que la tensión, el USB no deja los datos en el ordenador y el trazado en condiciones vive detrás de una cuota mensual. Y hay un desgaste anunciado: el velcro del manguito se rinde antes que el resto, sobre el año cuesta fijarlo y hacia el año y medio ya no agarra.
Y aun así el 9,5 se sostiene, porque el hardware es de otra liga. Mide rápido, mide bien, el compresor no molesta, el manguito abarca de 22 a 42 cm y el electrocardiograma de hasta dos minutos no lo tiene casi ningún tensiómetro doméstico. Con un teléfono reciente y sin más pretensión que mirar los registros en la app, es de lo más completo que puedes poner en casa. Si querías los datos en el ordenador o el trazado en un documento sin pagar aparte, la mitad que falla es justo la que te importaba.
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