Análisis de aspectos técnicos de productos y redactor de contenidos. Licenciado en Radioelectrónica por la Universidad de Cádiz y aficionado a la tecnología y a todo lo que tenga que ver con la nutrición y el deporte.
IDEALROYAL
Más de cien esferas y un marco metálico que le quitaba el aire de juguete, pero el GPS era el del móvil.
Aspectos Positivos
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Marco metálico y perfil fino que no abulta
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Más de cien esferas, y una foto propia
Aspectos Negativos
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Los avisos de mensajería se caen sin patrón
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El GPS es el del teléfono, no suyo
Índice de contenidos
Información adicional
| Autonomía | 7-10 días |
|---|---|
| Impermeable | ✔ |
| GPS | ❌ |
Resumen
El IDEALROYAL de un vistazo
De los relojes baratos de esta lista era el que mejor se veía puesto: caja cuadrada con marco metálico, correa lisa en negro, verde o rosa y más de cien esferas para cambiarle la cara.
Por dentro era lo mismo que sus vecinos, con dos matices que hay que tener delante antes de compararlo: el GPS no era suyo, lo ponía el móvil, y los avisos de mensajería fallaban de vez en cuando. La tensión, otra vez, era una estimación del sensor de pulso.
Nuestra valoración: 5,1
Análisis detallado
Cien esferas, y por qué eso importaba
Un reloj de este precio no compite por sensores, compite por si te lo pones. Y este estaba mejor resuelto que la media: el marco metálico le quitaba el aire de juguete que tienen casi todos, el perfil era fino y la correa no abultaba debajo de una manga.
Las esferas eran su otro argumento. Más de cien de fábrica, más la posibilidad de poner una foto propia, y el cambio se hacía desde el móvil en unos segundos. Es un detalle de los que no salen en las comparativas y que decide que un reloj se lleve puesto en vez de quedarse en el cajón a las dos semanas.
Traía ocho modos deportivos, que es un número corto. Para andar, correr o bicicleta sobra; para cualquier cosa menos común, el reloj no tenía perfil y había que registrarla como genérica.
El GPS conectado no es un GPS
Aquí hay una etiqueta que confunde a mucha gente al comparar fichas técnicas. Un reloj con GPS conectado no lleva receptor: usa el del teléfono. O sea que la ruta se dibuja solo si sales con el móvil encima y con la aplicación abierta, y sin teléfono el reloj no sabe por dónde has ido.
Para quien sale a andar con el móvil en el bolsillo, no cambia nada. Para quien quería dejar el teléfono en casa, que suele ser justo el motivo de comprar un reloj deportivo, es la diferencia entre que sirva y que no. Merece la pena mirar esa palabra, conectado, siempre que aparezca en una ficha.
El agua la aguantaba solo de pasada: lluvia y manos mojadas sí, piscina no.
Los avisos que a veces no llegaban
Su defecto propio era este. Las notificaciones de la aplicación de mensajería se caían de vez en cuando: unas veces llegaban y otras no, sin patrón claro, y volvían al reconectar el reloj con el móvil.
En un aparato que se lleva puesto para no sacar el teléfono, un aviso que llega a veces es peor que uno que no llega nunca, porque acabas mirando el móvil igual y encima con la sensación de que algo se ha perdido por el camino.
El resto de la convivencia funcionaba: alarmas, recordatorios, el mando de la música y el disparador de la cámara, y una autonomía que se movía entre siete y diez días según cuánto midiera.
Qué es en realidad un modo deportivo
Los ocho modos de este reloj parecen pocos al lado de los que anuncian otros, que llegan a cien, y por eso hay que mirar qué hay detrás de esa palabra en un aparato de este precio.
Un modo deportivo aquí es una etiqueta y una fórmula. La etiqueta sirve para que la sesión aparezca luego en la aplicación con su nombre, y la fórmula cambia cómo se estiman las calorías a partir del pulso y del movimiento. No hay sensores distintos para cada deporte, ni el reloj sabe si estás remando o dando saltos: los mismos datos entran por el mismo sitio y salen etiquetados de otra manera.
De ahí que un reloj con cien modos no mida cien cosas, mida una y la nombre de cien formas. Los que sí cambian algo de verdad son los que activan hardware, y en esta gama son dos: el de natación, que solo tiene sentido si el reloj admite inmersión, y el de exterior, que enciende el GPS cuando lo hay.
Con ese criterio, ocho modos no era una limitación de este aparato. Era el número que le correspondía a un reloj sin GPS propio ni resistencia para nadar.
Lo que decía medir
Pulso, oxígeno en sangre, sueño y presión arterial, los cuatro desde el mismo grupo de fotodiodos de la trasera. Los dos primeros están dentro de lo que ese sensor sabe leer. El sueño sale de cruzar el pulso con la quietud, con la aproximación de siempre.
La presión arterial no. Sin manguito que apriete y sin una validación que compare la cifra contra un aparato de referencia, ese número es el resultado de una fórmula. No tenía detrás ni el certificado sanitario que exige Europa ni un solo contraste contra un aparato de brazo, que es lo que pasaba con todos los de su gama.
Hoy está descatalogado y sin nada que lo releve.
Nuestra Valoración final
Su mérito era el que menos se declara en una ficha: se llevaba bien puesto, no cantaba y se personalizaba en un minuto. Eso, en un reloj de este precio, vale más que dos sensores de adorno.
Los avisos intermitentes y una tensión sin nada detrás son lo que impide subirlo del aprobado. Ya está fuera del mercado.
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