Escrito por Sergio Robles
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Actualizado:

VeoFit EMS Pro

Es el único que puedes llevar puesto mientras te mueves, pero el gel se acaba y tendrás que reponerlo.

Puntuación total
7,2
Potencia
8
Funcionalidad
8,4
Accesorios
8,1

Ofertas

Aspectos Positivos

  • Muy cómodo para practicar deporte

  • Incluye bolsa de transporte

  • Incluye cinturón y dos partes para brazos o piernas

Aspectos Negativos

  • Los niveles de intensidad por debajo del 30 se notan poco

  • Funciona a pilas no recargables

Información adicional

Programas10
Zonas que cubreAbdomen, brazos y piernas
Fuente de alimentaciónPilas
ElectrodosCon gel conductor, que se repone
ControlIntegrado en el cinturón

Resumen

El VeoFit EMS Pro de un vistazo

Tres piezas en la misma caja: la banda abdominal y dos módulos pequeños que sirven para bíceps o, con las alargaderas, para los muslos. Es ligero, no abulta bajo la ropa y por eso es el único de esta tabla que aguanta llevarlo puesto en movimiento, que es justo donde este tipo de aparato añade algo. A cambio arrastra dos peajes: necesita gel conductor, que se acaba, y guarda el mando en un bolsillo tan estrecho que se pulsan los botones solos.

Nuestra valoración: 7,2

Análisis detallado

VeoFit EMS Pro, cinturón abdominal con módulos para brazos y piernas

Lo primero que hay que entender del EMS Pro es que no es un cinturón, es un conjunto. La banda de abdomen se cierra con velcro y las dos bandas pequeñas se ajustan a los brazos o, con las extensiones que trae, a las piernas, y las tres cuelgan de un mando único con pantalla. Se alimenta con pilas, viene con un bote grande de gel conductor, una bolsa de transporte y una guía, y su precio ronda los cincuenta y tantos euros. Por ese dinero es el que más terreno del cuerpo cubre de toda la categoría, y esa es su carta fuerte.

Cuarenta niveles de los que sirve la mitad larga

El mando llega hasta cuarenta y los primeros veinte apenas se registran. Quien lo enciende por primera vez en un número bajo da por hecho que le ha tocado una unidad muerta, cuando lo que ocurre es que el trabajo empieza mucho más arriba: pasado el treinta la contracción del abdomen es inconfundible, mientras que ese mismo número resulta excesivo en brazos y muslos. Los diez programas se diferencian menos entre sí de lo que sugiere el folleto, cambia sobre todo el ritmo del pulso, y la separación de intensidad entre el cinturón y las bandas no es limpia: con el abdomen arriba del todo, los módulos de los brazos siguen entregando por encima de lo que marca su propio número.

El gel conductor es el gasto que no aparece en el precio

Estos electrodos piden gel. Sin él la conducción se vuelve irregular y la sensación desagradable, un pinchazo concreto en un punto y nada alrededor. Con gel el reparto es uniforme y el conjunto se comporta como debe. El problema es que el bote se acaba y hay que comprar otro, y luego otro. Es un gasto pequeño, de los que no duelen de uno en uno, pero es recurrente, y es exactamente la diferencia práctica frente a los cinturones de electrodos de silicona que se apañan con agua del grifo. En un mercado donde casi todo lo demás se parece, esa línea del presupuesto es de las pocas que se pueden calcular antes de comprar.

El mando y su bolsillo, el fallo de diseño más repetido

El cinturón lleva un bolsillo lateral para guardar el mando mientras se lleva puesto, y ese bolsillo es más estrecho de la cuenta. Al meter el módulo se presionan los botones, así que el programa salta solo o el aparato se apaga sin venir a cuento, y no existe bloqueo de teclado que lo evite. Es el fallo que más rabia da de todo el conjunto, porque no es un límite de la tecnología sino un par de centímetros de tela mal medidos. En algunas unidades el conector de las bandas de brazos tampoco agarra del todo y se suelta con el movimiento, con lo que esa zona se corta y el programa vuelve a arrancar.

Ligero, y por eso se deja usar en movimiento

Frente a los cinturones anchos y rígidos que solo admiten estar sentado, este es de tela fina y no se marca debajo de la ropa. Eso lo convierte en el único del grupo que aguanta bien caminando, sobre una bicicleta estática o durante una serie de abdominales, que es donde la electroestimulación deja de ser un adorno, porque el impulso se apila sobre un músculo que ya está moviéndose por su cuenta. El contrapunto está en los programas, que duran diez minutos fijos y no se pueden alargar: una sesión larga obliga a reprogramarlo varias veces, y con el mando dentro del bolsillo eso es media pelea.

Lo que este aparato no hace, y ningún otro tampoco

La publicidad del sector, la de esta marca incluida, habla de adelgazar y hasta la palabra vibrador aparece en el título del producto sin que el aparato vibre. Lo que ocurre de verdad es más modesto: el impulso llega al músculo y lo hace contraerse, mientras el tejido graso que lo cubre queda al margen del asunto, de manera que la silueta no cambia por esta vía. Es una máquina de sumar contracciones, no de restar centímetros, y quien compra pensando lo segundo lo abandona enseguida. Con la expectativa colocada en su sitio, hace lo que dice su manual y lo hace bien.

Qué versiones hay y qué trae la caja

VeoFit vende este conjunto como EMS Pro, y no hay que confundirlo con los cinturones de la misma casa que solo llevan la banda abdominal, más baratos y sin los dos módulos. La versión completa incluye el cinturón, las dos bandas pequeñas, las alargaderas para llevarlas a las piernas, el bote de gel, la funda y las pilas. Circulan además cinturones de aspecto casi idéntico bajo otros nombres de vendedor, que es lo normal en esta categoría; lo que identifica a este es el mando con dos botones de programa y cuatro de intensidad, separados para abdomen y extremidades. Un apunte que no es menor: la marca contesta cuando se la escribe, y en un mercado lleno de vendedores sin rastro eso vale dinero.

7,2

Nuestra Valoración final

Encabeza esta tabla por versatilidad y por descarte: cubre abdomen, brazos y piernas con las mismas piezas, sus rivales de precio parecido se quedan en la banda abdominal, y es el único que se deja usar mientras uno se mueve. Para quien ya entrena y quiere añadir algo encima, es lo más sensato de cuanto sigue a la venta.

No sube del 7,2 por los dos peajes de siempre, el gel que hay que ir reponiendo y una escala de intensidad en la que la mitad de los números no hace nada, y por ese bolsillo del mando que es un descuido barato de arreglar y que se paga en cada sesión.

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