Redactora, responsable de pruebas y calidad de contenidos. Diplomada en turismo por la Universidad de Sevilla (2002), técnico en PRL y con amplia experiencia laboral en el ámbito médico estético, el odontológico y la ergonomía. Especialista en consultoría y asesoría.
BaByliss Soft Curls 32 mm (C332E)
No tiene apagado automático: lo hemos dejado caliente sobre el mueble y allí sigue hasta que alguien lo desenchufa.
Ofertas
Precio verificado el 10 Sep 2026 en 1 tienda · rango 30 días: 19,90€–37,21€
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Aspectos Positivos
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Onda ancha de 32 mm
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Punta fría del barril
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Listo en pocos segundos
Aspectos Negativos
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180 ºC sin corte automático
-
Encendido bajo la palma de la mano
Índice de contenidos
Información adicional
| Temperatura | Hasta 180 ºC |
|---|---|
| Niveles de Temperatura | 10 |
| Material | Cerámica (Sublim’ Touch) |
| Apagado automático | ✘ |
| Calentamiento | Segundos |
| Diámetro | 32 mm |
| Cable | Giratorio 1,8 m |
| Accesorios | Ninguno |
Resumen
La BaByliss Soft Curls es la hermana ancha de la familia: un moldeador de pinza con tubo de 32 mm, un botón y una rueda, que hace onda grande y suelta. Lo hemos usado en casa lo bastante para saber qué se arregla con la costumbre y qué no.
La BaByliss Soft Curls 32 mm de un vistazo
Onda amplia y natural, más movimiento que rizo marcado, para melena media o larga. Está caliente en segundos, el barril cerámico deja correr el pelo y la punta se queda fría, así que sujetar el mechón por ahí no quema. Las dos pegas son de diseño y no se arreglan: el interruptor queda debajo de la mano que cierra la pinza, y se nos ha apagado solo en plena nuca. Tampoco hay apagado automático que corte cuando el aparato se queda encendido.
Nuestra valoración: 8,7
Análisis detallado

Treinta y dos milímetros de tubo, en negro y rosa
Es un moldeador clásico de pinza, con el barril más ancho de la gama y un acabado en negro y rosa de tacto más agradable de lo que su gama hace esperar. Con este diámetro se juega a onda grande y a volumen, nunca a rizo pequeño: en melena muy corta el tubo se queda grande y el pelo apenas alcanza a rodearlo una vez. En melena que pase de los hombros es donde encaja, y ahí el resultado sale con movimiento y sin marca dura. Trae un soporte plegable para posarlo en el mueble entre un mechón y el siguiente, y ese soporte es todo lo que sale de la caja: ni funda para guardarlo sin que el revestimiento se roce, ni guante térmico. El guante, con la pinza y la punta fría, no acaba haciendo falta; la funda sí se echa de menos.
El revestimiento cerámico y la punta que no quema
El barril lleva el revestimiento cerámico Sublim’Touch de la marca, pensado para que el pelo deslice y salga con brillo en vez de engancharse, y en eso cumple: el mechón corre sobre el tubo y sale sin encresparse. La punta del extremo se mantiene fría, que es el detalle que permite sujetar ahí con la mano libre mientras la otra gira el mango. No lleva iones, ni pantalla, ni memoria de temperatura: hace una cosa con dos controles.

Diez niveles hasta los 180 ºC, y lo que hace el último
La caja lo anuncia como calor controlado de 110 a 180 ºC, repartido en diez posiciones sobre una rueda. Está listo en segundos, sin espera apreciable, y al nivel máximo quema de verdad: marca la onda casi al instante, y deja el tubo tan caliente que el mango se nota tibio. La duración del resultado depende mucho más del pelo que del aparato. En melena fina o muy lisa la onda se relaja en unas horas; con algo de textura de partida aguanta buena parte del día. Lo que no cambia es el tiempo de trabajo: con un barril de este grosor, una cabeza entera se resuelve en pocas pasadas, y en eso un tubo ancho le gana la partida a uno estrecho.
El interruptor que se apaga solo, y el temporizador que no existe
El interruptor está justo donde se apoya la mano al cerrar la pinza. En los mechones de la nuca, con la muñeca girada, se nos apagó varias veces sin que sonara ni se viera nada, y lo descubrimos al soltar, con el pelo liso otra vez. Dejó de pasarnos a las pocas sesiones, cuando la mano se colocó sola de otro modo. No es una unidad defectuosa: el cuerpo entero de esta gama lleva el botón en el mismo sitio.
El reverso de ese mismo interruptor es que aquí no manda ningún automatismo: no hay apagado de seguridad. Con 180 ºC en el barril y un soporte que invita a dejarlo apoyado en el mueble, eso significa que sigue quemando mientras nadie vaya a desenchufarlo. En casa lo hemos dejado caliente sobre el mueble más de una vez, y nada en él avisa ni corta. Es la diferencia real con las tenacillas de la misma casa, que sí se apagan solas a la hora.

Un metro ochenta de cable y un tubo más corto de lo que parece
Que el cable gire sobre su base se agradece más de lo que suena: se dan vueltas al mechón con la muñeca las que hagan falta y nada se retuerce ni frena a media onda. Su longitud, 1,8 metros, da para peinarse junto al enchufe y se queda justa si el espejo está lejos de la toma. La otra medida que no aparece en la ficha es la del propio tubo, que es corto: con melena muy larga el mechón no cabe entero de una vez y el rizo sale por tramos, cosa que en una onda amplia se nota poco, pero se nota. Los mandos, dos botones y la rueda, van en la misma cara del mango.
Cinco grosores y varios nombres para el mismo barril
Este cuerpo se vende en cinco medidas, de los 10 mm al de 38, con el de 19, el de 25 y este de 32 en medio, y todas comparten anuncio en Amazon. No son cabezales que se cambien: son aparatos distintos, y sus fichas no coinciden, empezando por el de 10 mm, que sube a 210 ºC y trae alfombrilla. La marca tampoco ha mantenido un nombre fijo para el recubrimiento, que ha ido apareciendo como Sublim’Touch, Satin Touch y Pro Satin Touch según el año y la medida, con el mismo argumento de cerámica lisa detrás. La que hemos usado es la de 32 mm, y de esa habla esta ficha: con onda ancha en mente, la medida es esta; con rizo pequeño, el de 19 mm es otro aparato.
Nuestra Valoración final
Para melena media o larga y onda amplia, de andar por casa o de salir, cumple de sobra: calienta en segundos, el pelo corre por el tubo sin engancharse, la punta fría deja sujetar sin quemarse y el cable giratorio quita el estorbo de en medio.
Se queda en 8,7 y no más arriba por dos decisiones de diseño: un interruptor colocado donde se apoya la mano, que apaga el aparato en plena nuca, y la ausencia de apagado automático en un moldeador que llega a 180 ºC. Con rizo pequeño y definido en mente, o con melena muy corta, el barril se queda grande; eso no es un defecto, es el diámetro que se elige.
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