Escrito por Lidia Zafra Álvarez
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Actualizado:

Beurer FT85

Pide media hora aclimatándose en la habitación antes de medir, y a las tres de la mañana eso no lo tienes.

Puntuación total
5,8
Fiabilidad
8,6
Velocidad de medición
9,3
Facilidad de uso
8,9

Ofertas

Evolución del precio — Beurer FT85

Precio verificado el 18 Sep 2026 en 2 tiendas · rango 30 días: 23,66€–29,99€

Aspectos Positivos

  • Sesenta tomas en memoria

  • Mide biberón y ambiente

Aspectos Negativos

  • Media hora de aclimatación

  • No mide en cuarto frío

  • Se reconfigura al cambiar pilas

Información adicional

Tiempo de medición1 segundo
Modo silenciosoSi
Memoria60 mediciones
Pilas2 AAA
Tipo de mediciónFrente sin contacto
Clasifica por edadNo
ConsumiblesNinguno

Resumen

El Beurer FT85 es el termómetro más completo de los que no tocan la piel: mide cuerpo, líquidos y ambiente, guarda sesenta lecturas, se le puede quitar el sonido y viene de una marca alemana con recorrido en material doméstico de medida. Y arrastra un lastre que no está en la caja sino en una línea del manual que casi nadie lee.

El Beurer FT85 de un vistazo

Infrarrojos sin contacto con tres modos, memoria de sesenta mediciones, aviso sonoro desactivable, pantalla en color según el resultado y dos pilas AAA incluidas. Se apunta a la frente a uno o tres centímetros de la piel.

La condición que lo hunde está escrita en sus instrucciones: necesita media hora aclimatándose en la habitación donde se va a medir, y sin eso dos tomas separadas por quince segundos pueden diferir un grado entero.

Nuestra valoración: 5,8

Análisis detallado

Beurer FT85, termómetro de infrarrojos sin contacto con tres modos

La pieza es pequeña, ligera y cabe en cualquier neceser, y en eso cumple todo lo que promete el anuncio. Los tres modos se eligen desde el cuerpo del termómetro: temperatura corporal, temperatura de un líquido y temperatura ambiente. La construcción es correcta y la pantalla se lee bien, aunque el plástico transmite cierta fragilidad para lo que cuesta.

La media hora de aclimatación no es un detalle, es la condición

Un sensor de infrarrojos no mide la piel: compara la radiación que le llega con su propia temperatura interna. Si el aparato viene de un cajón frío, del bolso o de otra habitación, esa referencia está desplazada y el cálculo sale mal. De ahí que el fabricante pida treinta minutos en la estancia donde se va a medir antes de dar un número aprovechable, y de ahí también que se niegue a medir cuando la habitación está por debajo de veinte grados y devuelva un error al encenderse. En una casa esto es sencillamente incompatible con lo que pasa a las tres de la mañana: haría falta un termómetro aclimatado esperando en cada dormitorio.

Dos medidas seguidas, dos números

La consecuencia se ve enseguida. Con quince segundos entre una toma y la siguiente el resultado se mueve un grado entero, y tres pasadas seguidas sobre la misma frente devuelven tres cifras que no se parecen. Frente a un termómetro de contacto la desviación va casi siempre hacia arriba, medio grado en el mejor de los casos, grado y medio en el peor, y me consta que llega a los dos grados de separación. Y ese es el problema de fondo, porque un aparato que se equivoca en una cantidad distinta cada vez no se puede corregir de cabeza, mientras que con un desfase constante, como el que arrastra un termómetro de oído, se aprende a convivir en una tarde.

Hay que acertar el momento de pulsar

El manejo tampoco acompaña. Existe un instante concreto en el que hay que apretar para que registre la lectura, y hasta cogerle el truco es fácil que no capture nada o que capture mal, de modo que se acaban dando varias pasadas y quedándose con la que parece más razonable, que es exactamente lo contrario de lo que debe hacer un instrumento de medida. Cuando se atasca hay que reiniciarlo, y entre una medición y la siguiente pide unos segundos de descanso antes de volver a responder. Para una persona mayor que solo quiere ver un número, esto es demasiado aparato: en esta misma comparativa hay opciones que se resuelven con un botón.

Los ajustes se borran al cambiar las pilas

Al estrenarlo obliga a configurar fecha, hora y escala de grados antes de dejar medir. Ese trabajo no se guarda en ningún sitio permanente: al sacar las pilas se pierde entero, de modo que un aparato que ha pasado meses guardado sin ellas vuelve a pedir fecha, hora y escala antes de dejar medir, y la memoria de sesenta lecturas se queda por el camino. Funciona con dos pilas normales, no es recargable, y la distancia de trabajo es corta, uno a tres centímetros, más cerca de lo que sugiere el nombre de la categoría.

Donde sí está bien resuelto

El silencio se activa y se desactiva a voluntad, que con un bebé durmiendo vale más de lo que parece, y la memoria de sesenta mediciones es la más amplia de esta tabla, útil si hay que llevar un registro de varios días. Los modos de líquido y de ambiente funcionan bien y son el terreno donde este aparato queda por encima de la crítica: para saber si un biberón está a punto o si el cuarto se ha quedado frío, el margen que arrastra deja de tener importancia. De hecho es lo que lo salva del cajón en muchas casas, midiendo la fiebre con otro aparato.

Qué configuración llega y desde cuándo se vende igual

El anuncio se elige por un desplegable de configuración cuya opción de partida es el aparato solo, con sus dos pilas y el manual, sin estuche ni accesorios. No hay variantes de hardware que compliquen la elección: el FT85 que llega hoy es el mismo que se despachaba en 2020. Y eso es lo más revelador de la ficha, porque ninguna revisión intermedia ha tocado la aclimatación ni el momento de pulsar: el aparato de este año se equivoca exactamente igual que el de aquel. Lo que se compra es un producto estable, en el sentido bueno y en el malo.

5,8

Nuestra Valoración final

Cuesta hablar mal de un aparato bien construido y de una marca seria, pero un termómetro se juzga por una sola cosa, y esa cosa es si repite el mismo número sobre la misma frente. Este lo hace solo cuando se cumple una condición previa, la media hora de aclimatación, que en la vida real de una casa no se cumple casi nunca.

Queda abajo en la tabla porque su ficha técnica promete lo que su tecnología no sostiene. Como termómetro de biberones y de ambiente está bien; como el termómetro de la fiebre de la familia, no.

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