Redactora, responsable de pruebas y calidad de contenidos. Diplomada en turismo por la Universidad de Sevilla (2002), técnico en PRL y con amplia experiencia laboral en el ámbito médico estético, el odontológico y la ergonomía. Especialista en consultoría y asesoría.
Braun PRT2000
Un tres en uno de contacto que resuelve en unos ocho segundos; la pega es reelegir la franja de edad en cada toma.
Ofertas
Precio verificado el 18 Sep 2026 en 2 tiendas · rango 30 días: 13,53€–79,71€
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Aspectos Positivos
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Muestra la última toma al encender
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Punta blanda que no se clava
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Pila de botón cambiable a mano
Aspectos Negativos
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La edad se reelige cada vez
-
Sin luz mientras mide
Índice de contenidos
Información adicional
| Tiempo de medición | 8 segundos |
|---|---|
| Modo silencioso | No |
| Memoria | Última medición |
| Pilas | 1 de botón CR1632 |
| Tipo de medición | Contacto (axila, boca, recto) |
| Clasifica por edad | Sí, tres franjas |
| Consumibles | Ninguno |
Resumen
El Braun PRT2000 es un termómetro de sonda con punta flexible que se coloca en axila, boca o recto y resuelve en unos ocho segundos. Su rasgo propio es el Age Precision, un selector de tres franjas de edad que cambia el umbral con el que la pantalla se ilumina en verde, naranja o rojo. Al medir por contacto, la cifra no depende de la temperatura de la habitación ni de la distancia a la que se sostenga el aparato: lo que hay que aprenderle está casi todo en el manejo.
El Braun PRT2000 de un vistazo
Aparato de contacto tres en uno, con sonda blanda, pantalla grande retroiluminada por colores, memoria de la última toma y pila de botón CR1632 que se cambia girando la tapa con una moneda. Se anuncia con unos ocho segundos por medición, y en axila se va a nueve o diez.
Su pega de verdad no está en la medición: la franja de edad hay que volver a elegirla en cada toma, y la luz de la pantalla se apaga justo mientras se coloca la sonda.
Nuestra valoración: 9,0
Análisis detallado
La forma es atípica para un termómetro: cabeza ancha, cuerpo grueso y una pantalla de dígitos muy grandes que se lee de lejos. El semáforo de color no es adorno, porque el umbral de cada tono se mueve con la franja de edad seleccionada, y el semáforo se calcula siempre sobre la escala de axila, aunque la medición se haga en la boca o en el recto. Se apaga solo a los veinte segundos de terminar.
Ocho segundos que en la práctica son diez
La caja habla de ocho segundos y en axila la cifra real ronda los nueve o diez, con algún caso en el que el aparato se toma veinte o treinta. La diferencia importa poco; lo que importa es cómo llega hasta ahí, porque no aguarda a que la punta se estabilice, extrapola la curva de subida. De ahí sale la mitad de las discusiones sobre si un termómetro miente: comparar una lectura de ocho segundos con una de cinco minutos no es comparar lo mismo.
Dos tomas seguidas no dan el mismo número
Este es el matiz que no aparece en ninguna ficha técnica y que ordena todo lo demás. Repitiendo la medida sin dejar que la sonda se enfríe, el segundo número sale por encima del primero, y encadenando tres tomas se ve la escalera completa, cada una unas décimas más alta que la anterior hasta que el aparato se ha atemperado con el cuerpo. No es que la primera lectura sea falsa, es que corresponde a una sonda fría y la tercera a una sonda caliente. La escalera solo aparece cuando la sonda no ha tenido tiempo de enfriarse, y explica buena parte de las comparaciones en las que este termómetro sale mal parado frente a otro aparato.
El botón de edad hay que volver a pulsarlo cada vez
El aparato tiene tres franjas, de cero a tres meses, de tres a treinta y seis y de ahí en adelante, y no recuerda la que se usó la última vez. Cada medición arranca con los iconos pasando por la pantalla hasta que se pulsa para fijar uno, de manera que entre encender, elegir y empezar salen cuatro o cinco pulsaciones antes de tocar la piel. En una casa donde todos son adultos es repetir un paso inútil una y otra vez, y a oscuras se convierte en una pequeña pelea. Los iconos rotan a ritmo fijo, y equivocarse de franja solo cambia el color de la luz, nunca el número que sale en pantalla.
De noche la luz juega en contra
La pantalla se ilumina al encender, pero esa luz dura poco y se apaga mientras se coloca la sonda, que es justo cuando hace falta. Son además dos pulsaciones, la de encender y la de medir, y la segunda no siempre confirma con un pitido: a oscuras es fácil creer que está midiendo cuando no ha arrancado. Al terminar sí se enciende con el color que toque, y ahí le gana la partida a un termómetro básico sin luz, porque el resultado se lee sin encender la lámpara.
El pitido cambia de volumen según lo que marque
Es una rareza que despista y tiene explicación. El aviso final es un pitido largo cuando la cifra es baja y una tanda de pitidos cortos cuando es alta, y el volumen acompaña: con temperaturas normales suena flojo, hasta perderse bajo la ropa, y en cuanto sube se oye tanto que despierta a un niño recién dormido. Ni el sonido ni la luz se pueden desactivar. Y el cuerpo, más grueso y pesado de lo normal, se mueve con facilidad mientras mide: en cuanto la punta roza la mano o la sábana aparece una cifra absurda, y hay que apagar y encender para repetir.
Qué versión se sirve y en qué se diferencia del Braun barato
La gama de contacto de la casa se vende bajo el nombre comercial Age Precision, y la referencia que llega por este anuncio es la PRT2000EU, que es la que incorpora el selector de edades y el semáforo. La alternativa dentro de la casa es el Braun de gama baja, más barato, y midiéndolos en paralelo la cifra apenas se separa una décima: lo que cambia de verdad entre ellos es lo que tardan. La pila CR1632 se cambia girando la tapa un octavo de vuelta con una moneda, y me consta que hay unidades que siguen midiendo dos años después de comprarlas.
Nuestra Valoración final
Es el termómetro de esta comparativa con menos pegas serias, y el motivo es sencillo: es de contacto. Mide donde toca, tarda lo que tiene que tardar y no depende de la temperatura de la habitación ni de a qué distancia se sostenga. Cuesta lo que un termómetro corriente y no consume recambios de ningún tipo.
Lo que le pesa es el manejo: el botón de edad que no se memoriza, la luz que se apaga antes de tiempo, un pitido que suena poco cuando menos importa, y esa escalera de décimas si se encadenan tomas sin dejarlo enfriar. Son molestias de uso y una manera concreta de equivocarse que se aprende en dos minutos, no un problema de fondo, y por eso se queda arriba.
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