Redactora, responsable de pruebas y calidad de contenidos. Diplomada en turismo por la Universidad de Sevilla (2002), técnico en PRL y con amplia experiencia laboral en el ámbito médico estético, el odontológico y la ergonomía. Especialista en consultoría y asesoría.
Femometer
Pita a los veinte segundos, pero si lo retiras al oírlo la cifra todavía está subiendo.
Ofertas
Precio verificado el 18 Sep 2026 en 1 tienda · rango 30 días: 4,99€–4,99€
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Aspectos Positivos
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Pack de dos con funda cada uno
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Sin electrónica que se descalibre
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Sonda flexible y lavable
Aspectos Negativos
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Pita antes del valor estable
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Aviso que a veces no suena
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Sin luz en la pantalla
Índice de contenidos
Información adicional
| Tiempo de medición | 20 segundos |
|---|---|
| Modo silencioso | No |
| Memoria | Última medición |
| Pilas | 1 de botón LR44 |
| Tipo de medición | Contacto (axila, boca, recto) |
| Clasifica por edad | No |
| Consumibles | Ninguno |
Resumen
El femometer DMT-2032 es el termómetro de sonda de siempre con dos diferencias: la punta es flexible y el resultado llega en unos veinte segundos en vez de en cinco minutos. Sin colores, sin franjas de edad, sin aplicación y sin pantalla iluminada. Casi todo lo que hace bien nace de esa desnudez, porque no lleva dentro nada que pueda desajustarse con los meses.
El femometer DMT-2032 de un vistazo
Sonda de contacto para axila, boca o recto, flexible y lavable, pila de botón LR44 puesta de fábrica y memoria de la última lectura. Se vende suelto o en pack de dos, con funda rígida para cada unidad y la carcasa en cuatro colores.
Su trampa está en el aviso: pita a los veinte segundos, y ese pitido marca el final de su cálculo, no el final de la subida. Dejándolo colocado, el número todavía crece unas décimas antes de quedarse quieto.
Nuestra valoración: 8,2
Análisis detallado
El cuerpo es de plástico duro, aguanta caídas sin romperse y la sonda se puede lavar bajo el grifo, algo que en un aparato destinado a pasar por la boca de varias personas no es un detalle menor. Un solo botón enciende, mide y apaga, y no hay ningún menú donde perderse. La cara amable de esa sencillez es que no hay nada que configurar; la incómoda, que tampoco hay nada que ajustar el día que algo no cuadra.
El pitido no es el final de la medición
Los termómetros rápidos no esperan a que la punta llegue al equilibrio con la piel: leen la curva de subida durante unos segundos y extrapolan hasta dónde iba a llegar. El aviso suena cuando ese cálculo termina, así que retirándolo justo entonces lo que queda en pantalla es una previsión. Dejándolo puesto, el número sigue creciendo unas décimas antes de asentarse, y ese movimiento tarda a veces minuto y medio en pararse del todo. Le ocurre a cualquier sonda rápida, el Braun de contacto de esta misma comparativa incluido; lo que en este es más ancho de lo habitual es el hueco entre el pitido y la cifra asentada.
Un aviso que se oye poco, y a veces no se oye
El sonido es flojo. Con la televisión puesta, con un ventilador cerca o con el termómetro tapado por la ropa se pierde, y no se puede subir el volumen ni cambiarlo por una vibración. Aparecen además unidades que directamente no pitan y que miden bien por lo demás, un fallo que no da la cara hasta el segundo o tercer uso. En un aparato cuya única señal de que ha terminado es ese pitido, el defecto pesa más de lo que su descripción sugiere.
Dos unidades del mismo pack que no siempre dicen lo mismo
Al venderse por parejas es inevitable comparar una contra otra, y ahí asoman algunas décimas de diferencia entre las dos. No es el defecto de un ejemplar suelto, es el margen de fabricación de un aparato de esta franja, y tiene una consecuencia clara: dos cifras tomadas con las dos piezas del pack no son comparables entre sí, porque parte de la diferencia la pone el aparato y no la persona. Con el mismo criterio se explica que unas veces quede por encima de un termómetro antiguo de columna y otras resulte inconstante: casi todo depende del segundo en que se retire. Lo que sí se sostiene es lo otro, que repitiendo la medida en las mismas condiciones las cifras se parecen entre sí.
La caja, la pila y lo que no lleva
Llega con la pila puesta, la funda rígida y la punta flexible, y al encenderlo enseña un par de segundos la última temperatura tomada. No hay retroiluminación, así que a oscuras la cifra no se lee sin encender una lámpara. Tampoco clasifica por colores ni por edades: da un número y se apaga, sin nada que interpretar en la pantalla. Es, en el fondo, el termómetro de toda la vida con la espera recortada a veinte segundos.
Qué modelo y qué formato llegan
Bajo la referencia DMT-2032, el desplegable ofrece unidad suelta o pack de dos, con la carcasa en gris, verde, azul o naranja. Por dentro es el mismo termómetro en todos los casos: cambian el color y cuántos vienen. El pack de dos deja el coste por unidad en una cifra casi simbólica y resuelve una casa entera o el botiquín del coche, con el matiz de las décimas entre hermanos que ya se ha contado. La pila es una LR44 corriente y barata de reponer, y alguna unidad se queda muerta a las pocas semanas, con la pila gastada antes de tiempo: es el riesgo de esta franja, y la razón de que el pack de dos tenga más sentido que la unidad sola.
Nuestra Valoración final
Por lo que cuesta es la compra más sensata de esta comparativa. No hay electrónica que se descalibre, no le afecta lo fría o caliente que esté la estancia ni a cuántos centímetros se sujete, y repitiendo la medida en las mismas condiciones las cifras se parecen entre sí, que es la prueba que suspenden casi todos los de frente.
Pierde contra el Braun de contacto por acabado y no por fondo: el aviso flojo, la falta de luz en la pantalla y esas décimas entre las dos unidades del pack. Su debilidad real es la paciencia, porque veinte segundos largos con un niño de dos años encima son una eternidad, y por ahí es por donde un termómetro de oído se gana el dinero que cuesta de más.
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