Redactora, responsable de pruebas y calidad de contenidos. Diplomada en turismo por la Universidad de Sevilla (2002), técnico en PRL y con amplia experiencia laboral en el ámbito médico estético, el odontológico y la ergonomía. Especialista en consultoría y asesoría.
D Light Pro Ultra
Su ventana de 7,5 cm² era la mayor del ranking y ya no se vende: la Philips Lumea Serie 7000 la sustituye con sensor de tono y cabezal de cara.
Aspectos Positivos
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Ventana de 7,5 cm², menos pasadas
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Pistola ligera con base aparte
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Códigos de error en pantalla
Aspectos Negativos
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Ni una unidad ni un repuesto en venta
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Ningún cabezal para zonas pequeñas
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Tres niveles y sin sensor de tono
Índice de contenidos
Información adicional
| Zona de acciónZonas indicadas para la aplicación del tratamiento | Piernas y brazos |
|---|---|
| Tipo de depilación | IPL |
| Disparo automáticoAplicación del tratamiento automáticamente sin necesidad de mantener pulsado el botón de disparo. | ✔ |
| PotenciaPotencia de la depiladora IPL en j/cm2 | 7,5 Jul/cm² |
| Tamaño de ventanaTamaño de la ventana en cm² | 7,5 cm² |
| Disparos de la lámparaVida útil de la lámpara o disparos máximos | 300.000 |
| EficaciaReducción de vello según resultado de pruebas de varias sesiones de depilación | Reducción 99% (8-12 semanas) |
| Accesorios | Gafas + loción + spray limpieza |
| Inalámbrica | ❌ |
| Impermeable | ❌ |
| Niveles de potencia | 3 |
| Sensor de tono de piel | ❌ |
| Luz Integrada | ❌ |
Resumen
La D Light Pro Ultra ya no está a la venta: su anuncio se apagó y no queda vendedor que la sirva. Lo que sigue es su ficha histórica: qué tenía de verdad aquella máquina de aspecto semiprofesional, qué prometía de más su fabricante y qué depiladora cubre hoy su hueco.
La D Light Pro Ultra de un vistazo
Su rasgo era el tamaño de la ventana: 7,5 cm², dos veces y media la de una luz pulsada doméstica corriente. Con esa superficie una pierna se cubre en muchas menos pasadas que con los 3 cm² del resto del ranking, y ese era su argumento entero. Iba en dos piezas, una base con los ajustes y una pistola ligera unida por cable, como los equipos de cabina.
Lo que le faltaba es lo que hoy la dejaría fuera de la lista: tres niveles de intensidad, ningún sensor que leyera el fototipo y ni un cabezal pequeño para cara, axilas o ingles. Su ficha declaraba la aplicación en piernas y brazos, y era exacta.
Nuestra valoración: 8,0
Análisis detallado
Una ventana de 7,5 cm², que era su razón de ser
En luz pulsada doméstica la medida habitual es 3 cm², y ese número explica por qué la sesión de piernas se hace larga en casi todas. Esta subía a 7,5, y la cuenta de pasadas caía en esa proporción. Sobre piernas y brazos, las dos zonas que declaraba su ficha, esa es la ventaja que se busca, y ninguna otra del ranking se le acerca en superficie. El reverso es geométrico: una ventana de ese tamaño no entra en una axila, no rodea la línea del bikini ni se apoya plana sobre un labio superior. Como no incluía cabezal de precisión ni se vendía por separado, las zonas pequeñas quedaban fuera del alcance del aparato. Era una máquina de superficies grandes, y no disimulaba serlo.
Base, pistola y una pantalla de aparato de cabina
El planteamiento en dos piezas era lo que le daba el aire profesional, y funcionaba: los ajustes viven en la base, así que la parte que se sostiene con la mano queda ligera en una sesión de cuarenta minutos. El cable entre ambas era largo y no estorbaba. La pantalla táctil llevaba pocos controles y grandes, un contador que descuenta los pulsos gastados y códigos de error en lugar de un piloto rojo genérico, detalle poco habitual en doméstico. Sumaba un bloqueo para que no dispare y un modo de espera a los treinta segundos sin actividad. El cabezal era de acero, más fácil de limpiar que un frontal de plástico, y el espray de la caja iba en la misma dirección: pensada para pasar de una persona a otra.
Tres niveles y ninguna lectura de la piel
Este es el hueco grande de su ficha técnica. Tres niveles de intensidad son pocos para una máquina con una ventana así: el salto entre uno y el siguiente es grande y no hay posiciones intermedias donde afinar. Y no llevaba sensor de fototipo: soltaba el nivel marcado en la base, fuera cual fuera la piel debajo. Las máquinas de marca grande del ranking hacen lo contrario, comprueban el tono en cada pasada y bajan la intensidad o cortan el disparo. En un aparato que cubre 7,5 cm² de golpe con tres escalones de ajuste, esa ausencia es la que más pesa: cada destello afecta a mucha más superficie y queda menos margen para corregir.
Lo que decía el fabricante sobre el vello rubio
Su argumento comercial más llamativo era que servía en más fototipos que el resto, vello rubio y pelirrojo incluidos, y no se sostiene. La luz pulsada convierte el destello en calor dentro del propio pelo, y para eso necesita pigmento: cuanto menos hay, menos efecto tiene, por la técnica y no por la marca. La propia documentación se contradecía, porque a la vez pedía evitar el pelo canoso y las pieles muy oscuras. Esa línea vendía una expectativa que el aparato no podía sostener.
El modo SR, la otra mitad del aparato
Traía dos programas seleccionables en pantalla, HR para depilación y SR para el llamado fotorejuvenecimiento facial, en la práctica la misma lámpara con otro filtro y otra pauta. Suena a dos aparatos por el precio de uno y tiene una condición que leer: los 300.000 disparos de la lámpara son el total y se reparten entre los dos usos. Con una ventana tan grande unas piernas gastan pocos destellos y la cifra daba de sobra; añadiendo una rutina facial periódica, la cuenta se acorta. La caja se completaba con gafas, espray de limpieza y una loción calmante, dotación más de gabinete que de producto de estantería.
De la D Light Pro a la Pro Ultra, y qué queda hoy
La Pro Ultra era la evolución de la D Light Pro: más pulsos, ventana mayor y pantalla táctil, y a cambio menos niveles de intensidad que su antecesora, recorte raro en una versión superior. Por encima no había nada de la marca, y ahora no queda nada: el anuncio sigue apagado, ninguna otra tienda la ha recuperado y la lámpara no se vende suelta, así que tampoco hay segunda vida posible.
Su hueco lo ocupa hoy la Philips Lumea Serie 7000, y el cambio es un intercambio claro. Se pierde la ventana enorme, porque la Lumea se queda en 4 cm² de cuerpo y la sesión de piernas se alarga. A cambio llega lo que aquí no estaba: un sensor que decide solo la intensidad, cinco niveles en vez de tres, una marca con servicio técnico detrás y un cabezal de cara de 2 cm². Para superficies grandes la D Light era más rápida; para un cuerpo entero, cara incluida, la Lumea llega donde esta no llegaba.
Nuestra Valoración final
Aquella nota de 8,0 mide una máquina, no una compra: la más rápida del ranking sobre superficies grandes, con una ventana que ninguna otra de la lista se acercaba a igualar y una pantalla que informaba de verdad.
Lo que le sobraba era el discurso: la promesa de servir en más fototipos y sobre vello claro no encaja con el funcionamiento de la luz pulsada, y sin cabezal pequeño ni sensor de fototipo quedaba media compra sin cubrir. Y por encima de todo eso hay un hecho que no admite discusión: ya no está a la venta. Si buscabas velocidad en piernas, arriba está señalada la que sigue viva, más lenta y bastante mejor equipada.
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